Los cursos fluviales temporales en la región de Proserpina (Extremadura)

Los arroyos temporales en la región de Proserpina (Extremadura)

Alfonso J. Rodríguez Jiménez

Doctor en Ciencias Biológicas

 

Indice

  • I . Introducción
  • II . Los arroyos temporales:

–        El  biotopo

–        La Biocenosis:

  • La vegetación acuática
  • Las algas
  • El zooplancton
  • Los macroinvertebrados acuáticos
  • Los peces
  • Los anfibios
  • Los reptiles
  • III . Dinámica de los arroyos temporales:

–        Génesis

–        Los primeros charcones

–        La fase inestable

–        La fase estable

–        La fase seca

  • IV . Epílogo
  • V . Anexo – bibliografía relacionada
  • VI . Datos del autor

I . Introducción

 

La  región de Proserpina se halla al norte de la ciudad de Mérida. Toma su nombre del embalse romano allí presente. Área de hermosos encinares adehesados, llega a conectar con otras zonas de también gran riqueza biológica y paisaística como la rivera del Lácara y  la Sierra de San pedro (norte y noroeste), el río Guadiana  y la Sierra Carija (Sur), incluso con el parque natural de Cornalvo y  la Sierra de Montánchez hacia el este y noreste.

         Geomorfológicamente es una zona  de suaves lomas salpicada por multitud de vaguadas y arroyos. El sustrato es granítico – arenoso con abundantes afloramientos de roca madre formando berrocales (mal llamados canchales) de gran belleza. Los arroyos temporales de la región de Proserpina acaban confluyendo en el río Aljucén, afortundamente aún salvaje, sin control de sus crecidas y estiajes, salpicado de multitud de núcleos bucólicos y románticos.

          Esta hermosa y agreste región se destina fundamentalmente a un uso ganadero en extensos latifundios. Predomina la ganadería ovina y en menor grado la vacuna, pudiendo albergar temporalmente (montanera) ganado porcino.

              La región de Proserpina da cobijo a un sistema ecológico integrado en el bosque mediterráneo que ha sido escasamente estudiado: el arroyo temporal cuya riqueza faunística, florística y su dinámica no deja de ser sorprendente, dentro de su sencillez.

II . Los arroyos temporales

Los arroyos temporales son sistemas acuáticos lóticos, esto es, que fluyen, con una alta tasa de renovación del agua, a diferencia de los sistemas lénticos en los que la masa de agua queda retenida, como las charcas y los embalses.

     Se les llama temporales porque no llevan agua durante todo el año; de hecho, durante el estío quedan reducidos a charcones dispersos, y a veces ni eso.

     Si son estudiados como ecosistemas pueden separarse dos elementos muy diferenciados: el biotopo o parte inanimada (compuesta fundamentalmente por el sustrato y el agua) y la biocenosis que incluye a todos los seres vivos ligados a estas masas de agua.

Componentes de los arroyos temporales

 

     Biotopo

 

Marco físico:

–         Lecho:

–         Sustrato granítico-arenoso

–         Afloramientos de roca madre – berrocal

–         Masa de agua

–         Atmósfera

         Biocenosis

    (Seres vivos) 

 

La vegetación acuática en los arroyos temporales

     Las plantas acuáticas en estas masas de agua pueden ser de ribera o de lecho. Las ribereñas, las componen un elenco de plantas herbáceas y algunas con porte arbustivo; las que colonizan el lecho fluvial pueden ser sumergidas, semisumergidas o flotantes. Durante el otoño y parte del invierno, con continuas arroyadas, la vegetación presente en el curso fluvial se ciñe a plantas de ribera generalmente leñosas, como adelfas, zarzas y juncos. Poco a poco, durante la primavera, la calma de las aguas y el ascenso de las temperaturas, trae consigo un notable incremento en biodiversidad florística que se va traduciendo en una paulatina colmatación del lecho con plantas sumergidas, semisumergidas y flotantes. Cuando se acerca el verano multitud de herbáceas colonizan el lecho ya seco en grandes tramos. A finales de septiembre, con todo ya seco, comenzará de nuevo el ciclo.

 

 

 

Las algas en los arroyos temporales

     Al igual que en otros ecosistemas acuáticos, en los arroyos temporales el papel de productores lo desempeñan fundamentalmente las algas.

      La mayoría de ellas son microscópicas, viviendo libres en la columna de agua  (fitoplancton) o en el fondo (fitobentos). Algunas especies pueden ser observadas a simple vista al formar amasijos filamentosos que en ocasiones se hallan fijados a piedras o a vegetales. Proporcionan gran parte de la materia, la energía y el oxigeno que entra en el curso fluvial, siendo indispensables directa o indirectamente para el resto de organismos  acuáticos.

 

El zooplancton de los arroyos temporales

     Lo componen seres microscópicos que en general se alimentan de algas. Pueden habitar zonas libres de la columna de agua (plancton) o próximas al fondo (bentos). La mayoría de las especies pertenecen a los grupos de los artrópodos (crustáceos) y de los rotíferos.

     En el ecosistema actúan como consumidores primarios. Su presencia es fundamental ya que de ellos se alimentan otros muchos seres vivos  de los arroyos temporales.

 

Macroinvertebrados acuáticos de los arroyos temporales

 

     Se trata de invertebrados observables a simple vista (macroscópicos). Componen este grupo un amplio abanico de organismos (fundamentalmente artrópodos, moluscos y anélidos)  que ocupan multitud de microhábitats en los arroyos temporales.

     En el ecosistema funcionan como consumidores primarios (alimentándose de algas) o secundarios (alimentándose de otros consumidores primarios). Algunos de ellos ocupan la superficie de la masa de agua (neuston).

 

Los peces de los arroyos temporales

     Pocas especies se atreven a colonizar unos medios acuáticos tan tensionantes. Sin duda alguna, la especie más valiente y mejor adaptada es la pardilla (Chondrostoma lemmingii). Más esporádica, pero no por ello menos fuerte es la colmilleja (Cobitis paludica), capaz de vivir en pequeñas pozas durante el estío ocupando las zonas bentónicas. Desgraciadamente, cada vez es más frecuentela presencia en los arroyos de gambusias (Gambusia holbrooki) y percas sol (Lepomis gibbosus), dos especies exóticas y con gran poder dispersivo, cuyos efectos en el medio son, al menos, inquietantes.

 

 

III . Dinámica de los arroyos temporales

 

 – Génesis

– Primeros charcones

– Fase inestable

– Fase estable

– Fase seca

Génesis de los arroyos temporales

    Tras el prolongado período de sequía estival, el agua de lluvia se hace presente en la región de Proserpina. A mediados de septiembre ya caen los primeros chaparrones a los que la fauna y la flora (aún en letargo), apenas si le hacen caso, a sabiendas de que el reseco suelo arenoso engullirá toda el agua. Solamente la persistencia y la intensidad en las lluvias de principios de octubre logrará que el suelo granítico-arenoso, poroso y con escasa capacidad de retención se empape bien, percolando ésta hacia las zonas más bajas del terreno (vaguadas) partiendo de aquí un lento y esponjoso discurrir hacia el arroyo, donde se formarán los primeros charcos, ya duraderos. Es  ahora cuando reventará la vida latente que andaba escondida por todos los rincones, aflorando a borbotones.

 

 

Los primeros charcones

Mientras el agua sigue llegando al arroyo, en las zonas más bajas del lecho van surgiendo algunos charcones. En torno a ellos se da una espectacular dinámica. Anfibios como el escuerzo, el sapo corredor, el sapillo pintojo, el sapo partero ibérico, el sapo de espuelas, la ranita meridional, la rana común, el gallipato y el tritón jaspeado despiertan de su prolongado estiaje. Ahora en las suaves y húmedas noches de octubre vuelven a estar activos. No obstante, hay poco tiempo. Las condiciones idóneas para la fauna anfibia, ahora en su apogeo de actividad, requiere alta humedad ambiental y temperaturas moderadas. Esto habitualmente tiene lugar hasta finales de octubre. A partir de aquí se aprecia un acusado descenso en la actividad biológica ya que las noches se hacen cada vez más frías.

             En estos primeros días de actividad sólo el sapo partero, el sapo de espuelas y el gallipato utilizarán la dinámica inestable del arroyo para reproducirse, el resto de las especies esperarán a la primavera para hacerlo, cuando las aguas estén tranquilas y la vegetación acuática sea exhuberante.

La fase inestable

 

   Cuando las lluvias persisten durante los meses de octubre y noviembre, las confluencias de pequeños regatos y vaguadas de amplias zonas quedan reconducidas en los arroyos, incrementándose sus caudales  enormemente. Las aguas se tiñen de pardo dada su intensa actividad erosiva. Esta dinámica se puede ver disminuida o incrementada según sean las precipitaciones otoñales  e invernales. Hay años en los que la fase inestable perdura hasta bien entrado el mes de marzo, si bien lo normal es que fluya con fuerza el agua de forma oscilante los meses de noviembre a enero con picos tras los días de fuertes lluvias. Para cuando el arroyo discurre con fuerza, el sapo partero ya ha liberado a su prole, mientras que algo más retrasados los sapos de espuelas y los gallipatos organizan orgías reproductivas nocturnas en las zonas laterales algo más remansadas. Por esta época, cerca de los arroyos, el alacrán cebollero emite su ensordecedor y proplongado chirrido bajo tierra, está tambien en celo.

    En las cálidas y húmedas noches otoñales, ante tal eclosión de vida anfibia, pueden salir de noche  depredadores hambrientos tras soportar el tremendo estiaje. Tal es el caso de la culebra viperina. Este reptil da caza y engulle con extremada eficiencia a anfibios de pequeño y gran tamaño como el sapo de espuelas.

     El proceso de captura, una vez detectado el anfibio, consiste en atraparlo  con la boca; seguidamente intentará tragárselo por detrás  (sobre todo si el anfibio es grande). La presa intentará escaparse propinando patadas, extendiendo sus ancas y revolviéndose; entonces la culebra le atrapará una pata y comenzará a engullirla. Como última estrategia defensiva el anfibio se hincha para impedir que la culebra lo trague; pero ésta espera pacientemente, sabiendo que el sapo no resistirá así mucho tiempo, necesita respirar. Cuando el sapo descansa, se desinfla y entonces la culebra aprovecha y lo engulle un poco más. El sapo emite periódicamente unos alaridos estremecedores, quizá para intentar ahuyentar vanamente a su depredador.

      Las especies con un mayor cóctel venenoso en su piel no son atacadas por la culebra viperina.

El cangrejo de río se desplaza aún en las frías noches invernales remontando incluso paredes verticales de granito en berrocales batidos por cascadas, en su afán de dispersarse y colonizar nuevas áreas; no dudando incluso en salir a tierra (en noches muy húmedas) para ascender algún problemático tramo de arroyo.

     Su reproducción tiene lugar a finales de invierno, cuando el curso fluvial está aún en fase inestable y hay una continuidad en el flujo del agua, con lo que las crías que habían estado desarrollándose en un apretado paquete entre la cola y abdomen de la madre son ahora liberadas tras fuertes sacudidas de su cola  en las corrientes y aún frías aguas del arroyo.

Aún en invierno, la pardilla remontará los arroyos temporales para colonizar nuevas áreas y reproducirse. Es el pez más madrugador; ello le reportará tremendas ventajas…

 

El letargo invernal

     Al ir descendiendo las temperaturas, ya a finales de noviembre, la fauna anfibia inicia su período de inactividad. Tan sólo algunos ejemplares de cangrejo de río, rana común, escuerzo, sapo de espuelas y gallipato pueden ser observados incluso en noches muy frías pero sumergidos en el agua. Se ocultan bajo el suelo, debajo de las piedras o directamente a unos centímetros bajo el suelo. En ocasiones comparten zona de letargo con escorpiones, escolopendras o culebras.

 

El sapo partero ibérico

 

     Enterrado y aletargado en la arena o bajo grandes piedras, el sapo partero anhela, después de tan largo estiaje, la llegada de las lluvias otoñales. No obstante, si cae alguna tormenta estival a finales de agosto o inicios de septiembre, no saldrá de su escondrijo; tal vez cante, sí, pero sin salir, a sabiendas que no sería viable desencadenar ahora su período de actividad ligado a la reproducción, pues no habría charcos duraderos donde dejar las puestas que enlazaran ya temporal, ya espacialmente con la dinámica del arroyo (que por algo es llamado temporal). Así pues, su reloj biológico le indica que aún debe esperar a las primeras lluvias (ya más copiosas) de finales de septiembre o primeros de octubre para iniciar su actividad y cuando por fín despierte, lo hará para reproducirse.

     En estas húmedas y aún cálidas noches, cientos de individuos cantan su monótono silbido para atraer a las hembras. Se hallan en núcleos ubicados en berrocales próximos al curso fluvial, y su canto que ya al caer la tarde se inicia aún bajo tierra por algunos individuos dispares, poco a poco al ir llegando la noche, se contagia a más y más machos dando la sensación fantasmagórica de estar éstos  en todas partes.

    El apareamiento o amplexo (ya que en realidad lo que se propina la pareja es un abrazo, no hay cópula) tiene lugar en tierra: una primera y gran diferencia con el resto de anfibios de la zona que su reproducción se ejecuta en el agua. Ello le confiere una tremenda ventaja: el reseco suelo granítico- arenoso se empapa y absorbe el agua caída; aún es insuficiente para llenar minímamente el arroyo que está prácticamente seco. Las otras especies aún deberán retrasar su celo. La segunda gran ventaja de esta especie es que el macho se quedará tras el amplexo con el paquete de huevos liados a sus ancas, en vez de dejar abandonadas las puestas como hacen el resto de especies. La tercera ventaja es que el macho cuidará de la puesta durante 20 días mientras los embriones se van desarrollando: hay tiempo para que con sucesivas lluvias se llene más el curso fluvial. Una buena noche, cuando la puesta, en principio amarilla, se ha tornado gris con unos puntitos cobrizos que son los ojos de las larvas ya desarrolladas e inquietas, indican que ya está a punto. El macho siente que debe ir a liberarla, dirigiéndose raudo a algún incipiente charcón en el lecho del arroyo, donde tras unos movimientos de flexión y extensión de sus extremidades posteriores facilitará la salida de los renacuajos. Éstos ahora son los primeros pobladores anfibios de la masa de agua (cuarta ventaja) y además con un grado de desarrollo y tamaño muy superior al del resto de los anfibios  (quinta ventaja), que ahora comienzan a aparearse dentro de estos charcones, dejando abandonados los huevos.

 

 

Liberación de las puestas

     Cuando el macho, a los 20 días de portar el paquete, siente que las larvas están ya desarrolladas, se dirige al agua a liberarlas. Soltará el paquete completo.

    Es frecuente ver puestas con huevos que no fueron fecundados o que por pertenecer a otro amplexo posterior aún no están desarrollados; a veces se ven huevos helados o atacados por hongos.

   La liberación puede ser pasiva (el macho permanece inmóvil, dejando que las larvas salgan y tan sólo facilitando la expulsión con movimientos bruscos de las ancas) o activa (liberando directamente el paquete).

 

El sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

 

     El sapo de espuelas es un anfibio muy abundante en la región de Proserpina. Está muy bien adaptado a los suelos arenosos, en los que se entierra con suma facilidad gracias a sus espuelas situadas la zona interna de los pies, con las que a modo de palas, es capaz de sumergirse o emerger en el suelo en muy poco tiempo. El período de actividad se inicia al igual que los otros anfibios, en otoño. No obstante, el período reproductivo tiene lugar algunas semanas después de haberse iniciado las lluvias otoñales, ya que precisan de agua en los arroyos temporales para aparearse y dejar las puestas. El canto del macho durante el celo es un oscuro, sordo y seco cacareo (co- co-co…). Se pueden reunir muchos ejemplares en estos aún pequeños reductos acuáticos y la excitación en los machos es tal que en ocasiones intentan realizar un amplexo con piedras, palos o incluso animales de otra especie como el gallipato, también en celo por esta época.

 

     Las puestas quedan abandonadas en grandes cordones gelatinosos con huevos blancos y negros. Los renacuajos estarán en el curso fluvial hasta bien entrada la primavera. Los renacuajos son muy grandes, llegando a alcanzar incluso los 15 cm. Las larvas llegan a ser muy abundantes, llegando en ocasiones a densidades altísimas (hasta 400 ejemplares por metro cuadrado). Gran parte de esta biomasa se emplea en alimentar a multitud de depredadores. Los renacuajos son fitófagos y detritívoros, sin desdeñar la carroña y el canibalismo.

El gallipato

    El gallipato o marrajo es un anfibio urodelo (con cola al ser adulto) abundante en la región de Proserpina. Despreciado por muchos, dado su aspecto serpentiforme y su piel verrugosa, es en cambio un animal muy beneficioso e inofensivo que encuentra su salvación al igual que otros muchos anfibios en sus hábitos exclusivamente nocturnos.

     Su período de actividad se inicia en otoño. La  reproducción es algo posterior a la del sapo partero ya que ésta tiene lugar dentro del agua, necesitando en consecuencia que existan algunos charcones ya en el lecho del curso fluvial. Durante el amplexo el macho se coloca debajo de la hembra y la sujeta por encima entrelazando sus extremidades anteriores, quedando así durante mucho tiempo, hasta que en un momento dado le transfiere el paquete de esperma a su cloaca para, posteriormente, ser fecundados los óvulos dentro del cuerpo de la hembra.

     Puede estar activo algunas noches invernales, pero siempre bajo el agua. Lo habitual es que estén activos en noches templadas (8ºC – 14ºC) y húmedas (80% – 100% de humedad relativa).

    Sus larvas están presentes desde noviembre hasta mayo. Al principio son cazadoras planctónicas ingiriendo mayoritariamente branquiópodos y copépodos para posteriormente hacerse más bentónicas cazando sobre todo  ostrácodos y larvas de mosquitos.

     Su estancia tan prolongada en los arroyos temporales (muy superior a la de otros urodelos) se cree que es debida al gran tamaño que deben adquirir las larvas y a que en la fase inestable los recursos son mas escasos y de mayor dificultad en su obtención que durante la fase estable del curso fluvial, con una biodiversidad mucho mayor en las aguas.

     Al llegar el estío , los jóvenes adultos recién metamorfoseados buscan refugios húmedos, enterrándose en el lecho del arroyo, o en oquedades bajo grandes piedras.

 

La pardilla

La pardilla es el pez mejor adaptado a los arroyos temporales en la región de Proserpina. De hecho es el único que se atreve a subir por estas irregulares masas de agua. Es un pez tremendamente críptico con el entorno, muy rápido y su alimentación es variada,  incluyendo en su dieta unas altas proporciones de detritos (un recurso muy abundante en estas masas de agua). Por otra parte, es la especie que antes despierta de su letargo invernal, estando el curso fluvial aún en fase inestable (en años de pluviosidad normal), lo que le permite protagonizar espectaculares remontadas entre aguas rápidas y berrocales, buscando zonas donde colocar la puesta. En primavera pueden hallarse alevines en algunos tramos, pero solo sobrevivirán aquellos que hayan colonizado pozas o charcones que mantienen el agua a salvo de la potente evapotranspiración vegetal que fruto de la colmatación del lecho va aislando a las poblaciones de pardillas, quedando muchas de ellas retenidas en tramos que se secarán. Al llegar el estío el curso fluvial entra en su fase seca y como tal solamente albergará agua (y no siempre) en algunas recónditas pozas llamadas charcos manantíos por los lugareños, donde en condiciones tensionantes intentarán sobrevivir a los rigores estivales y a la multitud de depredadores que allí se congregan.

 

 

La fase estable

 

     Durante la fase estable los arroyos temporales enlentecen  el fluir de sus aguas. La biodiversidad se halla en su punto álgido: hay exhuberancia de flora y fauna acuática. Se inicia un proceso de colmatación vegetal en el que las plantas van colonizando e invadiendo el lecho; ello provoca una mayor pérdida de agua por evapotranspiración que unido a menores precipitaciones y  a temperaturas más altas, harán que el caudal de los arroyos temporales conforme vayan pasando los días se vean notablemente mermados. Solamente tras los chaparrones primaverales (a veces tormentosos y fuertes), pueden tener lugar crecidas pasajeras, incrementándose el caudal de los arroyos.

     La fase estable suele durar desde marzo a finales de mayo.

      Son multitud de especies las que fijan su celo y reproducción en torno a estas aguas, durante esta época. Entre los anfibios destaca el ruidoso celo de la ranita meridional.

 

La ranita meridional

 

     Tras el prolongado letargo estival, esta ranita inicia un breve período de actividad las noches lluviosas de otoño, para rápidamente sumirse en el letargo invernal. Sólo cuando los tímidos y esporádicos calores de algunas tardes soleadas de marzo se atisben, despertará, iniciándose el celo.

     Esta especie está adaptada a vivir en zonas arbustivas próximas al agua, por lo que su reproducción esta íntimamente ligada a la presencia de vegetación acuática en el agua, esto es, a la fase estable de los arroyos temporales.

     Al caer la tarde, los impacientes machos van acercándose al curso fluvial emitiendo un fuerte croar para atraer a las hembras y establecer su territorio. Con la llegada de la noche, cobijados por la perfecta coloración críptica que les permite desplazarse sin peligro entre la vegetación acuática que colmata el lecho (ranúnculo, lenteja de agua, gliceria, etc.), comienzan los primeros amplexos. Éstos son muy prolongados, desplazándose la pareja en amplexo periódicamente y fijando los huevos entre la vegetación acuática.

Por todo ello, a esta especie se le encuentra con más asiduidad ligada a aquellos tramos del curso fluvial en los que hay mayores pozas y el agua permanece más tiempo, albergando normalmente en sus márgenes vegetación arbustiva (adelfas, juncos, zarzas,etc).

    La  metamorfosis de la ranita meridional va pareja a la dinámica estacional del curso fluvial y en concreto al proceso de colmatación  vegetal que va extendiéndose por el lecho. Así, cada vez hay menos agua y más plantas acuáticas, con lo que la evapotranspiración (agua extraída y arrojada a la atmósfera por los vegetales) cada vez es mayor.

     La metamorfosis de la ranita meridional, según su aspecto externo, queda dividida en seis fases. Todo el proceso suele tener una duración de cuatro meses: desde marzo hasta junio.

     Durante las tres primeras fases la ranita se alimenta de algas, restos de fanerógamas y detritos, en su fase cuarta, cuando ya tiene patitas y respiración pulmonar, la ranita se desplaza sobre la superficie del agua, entre la abundante vegetación acuática. En esta fase no se alimenta, ya que esta siendo modificada entre otras partes, su boca. Las últimas fases las llevará a cabo en las orillas del curso fluvial, alimentándose de insectos y arácnidos.

     Al finalizar la metamorfosis, las jóvenes ranitas habrán encontrado fácil el tránsito desde el agua hasta la vegetación de márgenes, ya que han podido desplazarse previamente entre la vegetación acuática que invade todo el lecho del arroyo y conecta con las orillas. Así pues a finales de primavera, son frecuentes estos ejemplares infantiles entre herbazales y arbustos, activos durante el día, buscando su alimento: pequeños insectos y arácnidos, muy abundantes en esta época.

 

 

El escuerzo

     El escuerzo es un anfibio del que se tienen encuentros esporádicos en lugares variopintos de la región de Proserpina, a veces lejanos a los arroyos temporales como caminos y construcciones humanas. Este hecho situa al escuerzo en peligro ya que no está bien considerado por el hombre que lo menosprecia y lo teme por su verrugoso aspecto y sus erróneas leyendas. En cambio, este anfibio es un excelente aliado del ser humano por ser un gran cazador de insectos, caracoles y babosas, siendo muy beneficiosa su presencia en huertos, jardines y parques. Su actividad se inicia en otoño. En invierno puede encontrársele activo algunas frías noches pero dentro del agua, protegido así de las bajas temperaturas ambientales. Su celo tiene lugar generalmente a finales de invierno e inicios de primavera. El amplexo es acuático y suele durar mucho tiempo hasta que dejan liberados los negruzcos cordones gelatinosos de huevos.

 

 

El sapo corredor

 

El sapo corredor es el anfibio de la región de Proserpina que puede ser hallado en un gama más amplia de biotopos. Sus hábitos corredores (no saltadores, de ahí su nombre) y dispersivos, unidos a su reseca y dura piel le permiten colonizar amplias zonas a veces muy alejadas de los arroyos temporales. Activo durante el otoño y la primavera. Durante la hibernación y el estiaje se resguarda de las bajas y las altas temperaturas enterrándose en el suelo o excavando galerías bajo grandes rocas, donde puede compartir húmedo escondrijo con otras especies de anfibios, reptiles, escarabajos y escorpiones.

 Es además un vivo ejemplo de reproducción oportunista, aprovechando cualquier masa de agua, por  pequeña o recóndita que sea para dejar sus puestas. Así, a finales de invierno en noches lluviosas y no muy frías (en torno a 12ºC) es ya posible al caer la tarde escuchar un croar multitudinario suave monótono y períodico. Es el celo.Su reproducción tiene lugar en torno a cualquier masa de agua, grande o pequeña, pudiéndose observar sus negruzcos cordones gelatinosos en cualquier margen de una charca, arroyo o charco de camino o de lo alto de un berrocal granítico (cancho). Este proceso puede repetirse hasta mediados de primavera, sobre todo si ésta es lluviosa.

     Sus larvas son negras. El desarrollo larvario ha de ser rápido, ya que se corre el riesgo de que la masa de agua donde fueron depositados los huevos, se seque de bido a las ya altas temperaturas primaverales. Al metamorfosear, ya a principios de junio, se observan núcleos muy numerosos de pequeños sapos, a veces con aún esbozos de cola (no rebsorbida del todo) en los márgenes húmedos de la masa de agua donde  se desarrollaron así como en los herbazales próximos, capturando pequeños insectos.

 

 

El sapillo pintojo

 

El sapillo pintojo es quizá la especie menos abundante en la región de Proserpina de todas las aquí descritas. Puede hallársele en húmedas noches otoñales y primaverales, en torno a los arroyos temporales y a veces en caminos. También puede presentar hábitos diurnos, sobre todo en días soleados primaverales. Hallado a veces junto a núcleos de ranas.

 

El tritón jaspeado

 

     Tras el prolongado letargo estival, el tritón jaspeado está activo con las primeras lluvias otoñales. Lo estará hasta que las húmedas y cálidas noches se tornen frías y desapacibles. Entonces sólo quedarán algunos ejemplares  activos pero bajo el agua, a salvo de las bajas temperaturas.

     Con la llegada de la primavera y las aguas mansas de los arroyos, los tritones presentan sus galas nupciales: el macho una abultada cresta dorsal de con trazos claros y oscuros alternantes y una cola abanderada y llanativa con una franja central clara bordeada de dos franjas oscuras, con la que intentará llamar la atención durante el celo; la hembra con su típica raya roja dorsal, grávida y  barrigona (llena de óvulos). Tras un sencillo cortejo, en el que la hembra ha cogido con su cloaca el paquete de esperma dejado por el macho y fecundado internamente sus óvulos, irá colocando los huevos entre las hojas de las plantas acuáticas presentes en el curso fluvial. Para ello a la vez que expulsa un huevo por su cloaca, ayudada por sus extremidades posteriores, hará una doblez  en la hoja donde lo dejará oculto, desplazándose seguidamente a otro lugar donde repetirá el proceso. La necesidad de colocar los huevos de forma dispersa entre las hojas hace que esta especie, aún estando actiiva en otoño, sitúe su período reproductivo  durante la fase estable del curso fluvial, que es cuando hay vegetación acuática y las aguas están remansadas.

     Durante la primavera, las larvas de tritón jaspeado comparten el curso fluvial con las de gallipato, presentes desde el otoño, pero que con menos nutrientes y organismos acuáticos en las aguas durante la fase inestable, así como su gran tamaño, hacen que su metamorfosis se demore hasta finales de primavera.

     Así pues, en el curso fluvial cohabitan  en primavera las larvas del tritón con las ya grandes del gallipato. Ello, a pesar de lo que pudiera parecer, no da lugar a procesos de depredación o de competencia interespecífica, ya que cada especie ocupa una zona de la masa de agua: las larvas de gallipato tienen mayoritariamente hábitos tróficos bentónicos (de fondo), alimentándose fundamentalmente de larvas de dípteros y ostrácodos, mientras que las larvas de tritón capturan a sus presas en la columna de agua (plancton) entre la vegetación acuática: sobre todo branquiópodos y copépodos; siendo escasa la competencia trófica entre ambas especies.

     Al final de la primavera, las larvas de tritón jaspeado que han tenido un rápido desarrollo, se convierten en adultos que buscarán zonas húmedas para soportar el sofocante calor estival.

 

La rana común

      La rana común es la especie que presenta un mayor rango de temperatura y humedad relativa ambiental para estar activa. Ello se traduce en ser el anfibio que más tiempo a lo largo del año se halla activo, presentando un sólo período de inactividad durante el invierno, a diferencia del resto de especies  que también se aletargan durante el verano. La rana es capaz de soportar bajos valores de humedad relativa (45%) y altas temperaturas (más de 30ºC), lo que suple mojándose con frecuencia, lo que le hace estar muy ligada a zonas con agua.

     El período reproductivo es el más tardío que tiene lugar en los arroyos temporales, iniciándose ya bien entrada la primavera y extendiéndose durante parte del estío. Quedando asociada mayoritariamente a las últimas pozas y charcones de los arroyos temporales.

 

La  fase seca

     Los rigores primaverales y estivales van reduciendo la masa de agua, a la par que va siendo invadida por un exhuberante herbazal anhelante de los últimos reductos húmedos en la zona. Los charcones están ya muy distantes entre sí y tan sólo resisten los más umbríos y  profundos.

     Aquellos anfibios que no lograron terminar la metamorfosis durante el tiempo concedido por el arroyo, morirán. Así, algunas larvas, atrapadas en su propia impotencia por no poder huir del agua donde debieron completar su desarrollo, (ya que lo que les cedieron sus padres al abandonarlos fue una pobre estructura corpórea, impensable  para colonizar la tierra), dan sus últimos coletazos entre un asfixiante barrizal, a sabiendas de que pronto continuarán su viaje desmenuzadas dentro de otras estructuras vivas en el interminable ciclo de la materia.

     Al igual que en otros ecosistemas, también aquí en los arroyos temporales, la vida es una continua prueba, la tensión está siempre palpable. La vida y la muerte están, como el duro estiaje y las reconfortantes lluvias, eternamente unidas. El motor evolutivo es incesante y solamente los más preparados sobreviven.

La vida en el charco manantío

 

Los charcos manantíos son  la última esperanza para los que no pueden abandonar el agua. Multitud de seres vivos se agolpan aquí para intentar sobrevivir. Indispensables para la valerosa pardilla que se atreve a colonizar un sistema acuático tan irregular, la selección natural jugará  ahora sus cartas, eliminando a los ejemplares menos preparados. Los depredadores acuden aquí a sabiendas de que sus presas están acorraladas. La competencia por el oxígeno y el alimento es alta.

     Los charcos manatíos funcionarán impasibles como tremendos resortes evolutivos.

El largo estiaje

Para la fauna asociada a estos arroyos temporales que saltaron a tierra, llega la hora del largo estiaje. Enterrados, bajo el lecho agrietado del arroyo, bajo rocas o raíces, amigos y enemigos,  esperarán adormecidos la llegada de las vivificantes lluvias otoñales y todo, como quizá el Universo, comenzará de nuevo.

IV . Epílogo

Este trabajo está basado en estudios científicos realizados durante muchos años, cuyos resultados han sido ya publicados en diversas revistas científicas, informes oficiales, libros e incluso en un documental para la Serie británica Survival (ver anexo). El presente manuscrito es una adaptación más divulgativa de dichos estudios acompañada de fotografías inéditas y sorprendentes que muestran la grandeza y la belleza de los procesos biológicos que ocurren en torno a los arroyos temporales en la región de Proserpina.

 

V . Anexo: Bibliografía  relacionada con este manuscrito

–         Rodríguez Jiménez, A. J. (1984): Notas sobre la fenología del sapo partero ibérico.Alytes (II):9-23

–         –Rodríguez Jiménez, A. J. (1985): Competencia trófica entre Pleurodeles waltli y Triturus marmoratus durante su desarrollo larvario en cursos fluviales temporales. Alytes, (III):21-30Rodríguez Jiménez, A. J. y Prados, A. (1985): Notas sobre productividad anfibia larvaria en cursos fluviales temporales. Alytes, (III):177-178

–         Rodríguez Jiménez, A. J. (1986): Estudio de la comunidad íctica de la Charca de los Galgos.

   D.G.M.A. Junta de Extremadura.158 pp. 

–         Rodríguez Jiménez, A. J. (1987): Notas sobre ecología de Rutilus lemmingii (Pisces: Cyprinidae).

  Ecología,1: 247-256. 

–         Rodríguez Jiménez, A. J.  (1987-B): Relaciones tróficas de una comunidad íctica durante el estío en el          río Aljucén (Extremadura,España).Miscel.lania Zoologica,11: 249-256.

–         Rodríguez Jiménez, A. J. (1988): Fenología de una comunidad de anfibios asociada a cursos fluviales temporales. Doñana Acta Vertebrata, 15 (1): 29-43.

–         Rodríguez Jiménez, A. J.  (1988): Notas sobre la fenología y ecología de Hyla meridionalis durante su desarrollo larvario y metamorfosis en cursos fluviales temporales. Miscel.lania Zoologica,10: 247-252

– Rodríguez Jiménez, A. J. (1989): Hábitos alimenticios de Micropterus salmoides (Pisces: Centrarchidae), Lepomis gibbosus (Pisces: Centrarchidae) y Gambusia affinis (Pisces: Poeciliidae) en las orillas del Embalse de Proserpina (Extremadura, España). Limnetica, 5: 13-20. 

-Rodríguez Jiménez, A. J. (1991): El medio acuático en Extremadura.. Cuadernos Populares, nº 40. Junta de Extremadura. 

– Rodríguez Jiménez, A. J. (1993): Contribución al análisis de la situación piscícola actual en la Comunidad Autónoma de Extremadura. Revista de estudios extremeños,vol.49 (3): 699-706.

–         The vanishing pools; Documental de la Serie SURVIVAL. Anglia Limited.22/87

–         Rodríguez Jiménez, A. J. y otros (1999): Guía  práctica de Educación Ambiental de Extremadura, Tomos I y II.. Junta de Extremadura.

VI . El autor: Alfonso J. Rodríguez Jiménez

-Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Sevilla

– Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Extremadura

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: