El sistema de orillas en los grandes embalses de la cuenca del Río Guadiana a su paso por Extremadura

 

El sistema de orillas en los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana a su paso por Extremadura.

  

Alfonso J. Rodríguez Jiménez

Doctor en Ciencias Biológicas

 

Índice

  • Sístemas lóticos y sistemas lénticos.
  • La problemática ligada a los embalses.
  • Los embalses en Extremadura.
  • Los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana.
  • El sistema litoral o sistema de orillas en los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana.

1. El sustrato

2. Los biotopos de orilla

3. La sucesión de biotopos.

4. La vegetación acuática: macrófitos acuáticos y algas    macroscópicas del bentos.

5. El plancton y el bentos.

6. La ictiofauna.

7. Los anfibios.

8. Los reptiles.

  • Epílogo
  • Bibliografía
  • Glosario de términos
  • El autor

 

 

Sistemas lóticos y sistemas lénticos.

En  Ecología se les denomina sistemas lóticos a aquellos ecosistemas acuáticos caracterizados por presentar una elevada tasa de renovación del agua. Son éstos los ríos, los tributarios (riveras) y los arroyos (temporales y permanentes). Los sistemas lénticos, en cambio, son aquellos que presentan una nula tasa de renovación del agua (lagos y lagunas) o bien una lenta y parcial renovación a lo largo del tiempo (charcas y embalses).

La transformación de un sistema lótico en léntico implica profundas modificaciones ecológicas, tanto en la parte abiótica como en la biocenosis, teniendo los seres vivos que adaptarse al nuevo entorno, desplazarse o ser eliminados, a la vez que otras especies pueden, de forma natural o artificial, integrarse con éxito en el nuevo sistema ecológico.

Al interrumpir el lecho del curso fluvial con un dique, una voluminosa y extensa lámina de agua queda desparramada en el sistema terrestre aledaño, dando lugar a un vaso que engullirá al relieve de la zona. Así, lo que antes suponía una  ecotonía (zonas de límite entre ecosistemas) gradual, con la presencia de  generalmente bosque ribereño y llanura aluvial a modo de tránsito entre el sistema acuático y el terrestre, ahora queda restringida a una estrecha y brusca franja de orillas. No obstante, esa delgada interfase acusa una espectacular elongación al  bordear la masa de agua  sinuosamente el relieve que inunda. De tal forma que lo que en el río, el tramo que ahora comprende el embalse, suponía varias decenas de kilómetros de orilla, ahora puede convertirse en varios centenares de kilómetros y más si el sistema léntico alberga a islotes en su interior (cerros o promontorios que quedaron aislados al inundarse el vaso).

Estas delgadas pero alargadas franjas de orillas, cuentan con una dinámica biocenótica asombrosa, a pesar de su apariencia de zona de gran pobreza ecológica.

En ocasiones, al transformar el sistema lótico en léntico y el vaso inundable del futuro embalse  no es limpiado de vegetación arbustiva y arbórea, se potencia la eutrofización de la masa de agua debido al aporte de restos vegetales que quedan anegados. Esto suele ser más llamativo y  frecuente en las colas y en los tramos de confluencia con los tributarios. La masa de agua queda en estas áreas convertida en un paraje de singular belleza, pero a su vez en un extraño sistema ecológico de persistencia temporal breve (dos o tres años) formado por bosque inundado, a modo de manglar, cuya dinámica e interacciones se desconocen.

La problemática ligada a los embalses.

La construcción de  grandes embalses en las cuencas hidrográficas traen consigo una serie de ventajas mayoritariamente antrópicas, como son:

– Capacidad de regular el caudal del río, evitando inundaciones en épocas de crecidas.

–  Fomentar la depuración del agua por decantación de los sólidos en suspensión, al ser la tasea de renovación mucho menor que en el sistema lótico.

– Tener grandes reservorios de agua para regadíos, industrias y población.

– Potencialidad para generar energía hidroeléctrica.

– Posibilidad de establecer zonas lúdicas y esparcimiento (baño, turismo, pesca y deportes naúticos).

– Disponibilidad de agua para el ganado en fincas colindantes al embalse durante todo el año.

– Embellecimiento paisajístico de la zona, dada la inmensidad de la masa de agua y la visión nítida y unida de los elementos naturales (agua, tierra y aire).

– Formación de una extensa zona húmeda, con el incremento de biodiversidad que ello supone para algunos grupos como por ejemplo las aves acuáticas.

–  Posibilidad de utilizar la masa de agua como zona de cría y producción de especies con interés económico (cultivos en jaulas flotantes, piscifactorías, etc.).

No obstante, ligados a la presencia de estos gigantescos sistemas lénticos, hay también una serie de factores negativos :

1. La construcción del dique y la formación posterior del vaso inundable plantea profundas repercusiones ambientales: extracciones de áridos, movimientos de tierras, modificaciones de carreteras, construcciones de puentes, tendido eléctrico, tala del arbolado presente en el área inundable, urbanización de la zona, expropiaciones y traslados forzosos (pueblos abandonados) etc.

2. La transformación del sistema lótico en léntico ocasiona una acusada pérdida de la dinámica fluvial. Los ríos enmarcados en el clima mediterráneo se caracterizan sobre todo por su acusada estacionalidad. Así, a las fuertes precipitaciones otoñales e invernales le siguen días de crecidas e inundaciones de vegas, aportando e incorporando nutrientes de las zonas de ecotonía. Al llegar el estío, las elevadas temperaturas y la vegetación ribereña con su elevada evapotranspiración, van reduciendo el cauce hasta dejarlo en una hilera discontinua de charcones y pozas, donde se agolpa toda la biocenosis superviviente. Estos sistemas representan una importante dinámica evolutiva al quedar la biocenosis relegada y limitada en cuanto a recursos alimenticios, espacio y oxígeno en estos reductos; estableciéndose de forma intraespecífica e interespecífica fuertes tensiones y sobreviviendo sólo los más aptos. La presencia de embalses hace que todo este resorte evolutivo quede diluído al establecerse una gigantesca y estable masa de agua, desvaneciéndose la temporalidad.

3. Los diques de los embalses suponen un obstáculo infranqueable para las especies ícticas migradoras tanto catadromas (van al mar a reproducirse) como anadromas (van al río a reproducirse), disminuyendo en consecuencia la biodiversidad de la cuenca fluvial, desapareciendo especies o quedando ejemplares monstruosos y poblaciones mal estructuradas.

4. En los embalses, las acusadas y continuas diferencias de cotas a lo largo del año, impiden el arraigo de la vegetación riparia arbórea, quedando sus orillas y lecho emprobrecidos en cuanto a microhábitats. La pruebas que mejor lo corroboran son los embalses romanos de Proserpina y Cornalvo de 2000 años de antiguedad, carentes ambos de arbolado de ribera.

5. La formación del sistema léntico ocasiona una pérdida de nichos espaciales y tróficos, dada la homogeneización de orillas que se instaura en el perímetro del embalse. Para muchas especies autóctonas este hecho es nefasto, ya que en orillas uniformes, generalmente desprovistas de vegetación, son presas fáciles de especies depredadoras como el lucio (Esox lucius) o el black-bass (Micropterus salmoides).

6.  La eliminación de la vegetación ribereña al transformar el sistema lótico, supone acabar con la  vegetación eurosiberiana, presente en forma de bosques en galería  en torno al lecho, aislada en un entorno esclerófilo. Ello también se traduce en una gran pérdida de biodiversidad. La destrucción de sotobosques ribereños, áreas de gran biodiversidad albergadoras de flora exlusiva de zonas con subsuelos profundos y húmedos, provoca uno de los primeros elementos de rechazo a la instalación de una masa léntica. No obstante, estas tremendas pérdidas biocenóticas podrían al menos aparentemente, atenuarse si se diera el hábito del trasplante de arbolado hacia otras zonas en mayor o menor grado humanizadas potencialmente a repoblar o a ajardinar, como parques fluviales, tramos de riberas o plazas.

7.  La menor tasa de renovación a la que se somete la masa de agua en un embalse hace que se potencie el proceso de eutrofización y decantación de sedimentos en el fondo, ante cualquier incursión de nutrientes.

8.  En los embalses de la cuenca del río Guadiana se da regularmente la estratificación termo-oxigénica. Se trata de un proceso natural que tiene lugar durante el estío, cuando la temperatura atmosférica (y en consecuencia del agua) es elevada, dando lugar a que el embalse quede dividido en tres franjas con distintas temperaturas. Ello se traduce en diferentes densidades, impidiéndose la mezcla de agua entre estas franjas, quedando la franja superior (en contacto con la superficie) llamada epilimnion con agua cálida y bien oxigenada, ya que es una zona fótica con multitud de productores; le sigue una capa intermedia (termoclina) de agua menos cálida y oxigenada y una banda inferior (hipolimnion), de agua más fría y aún menos oxigenada, albergadora de sedimentos y detritos ricos en nutrientes, así como de una importante fauna bentónica. Estos recursos alimentarios (vía detritívora) pueden quedan bloqueados para la ictiofauna si el hipolimnion se queda anóxico (al consumirse todo el oxígeno allí presente en la respiración celular de los organismos bentónicos) y no llegar aporte de oxígeno de las franjas superiores, teniendo en consecuencia que desplazar su nicho trófico a otras zonas más someras y oxigenadas como las orillas, durante el estío. Por ejemplo, en el embalse de Orellana la termoclina se sitúa aproximadamente entre los 10 y 15 metros de profundidad en el período marzo – octubre, existiendo solamente cuatro meses de mezclado y oxigenación del bentos profundo.

9. Otros factores  negativos quedan asociados al objetivo final para el que fueron construidos los embalses, como por ejemplo, la conversión en regadío de amplias zonas aguas abajo del dique, irrigando extensas áreas, hasta entonces destinadas a dehesas con ganadería y agricultura tradicional de secano.

Los efectos del regadío pueden llegar a ser perniciosos a medio o largo plazo, si el uso agrícola que se ejecuta en la zona es inadecuado. Así, al tópico y extenido despilfarro de agua (el 80% del agua utilizada a partir de estos reservorios tiene compo destino la agricultura, un 15% la industria y sólo un 5% para la población), hay que añadir la posible salinización del suelo dado que en zonas de intensa insolación se da una rápida evaporación del agua, quedando cada vez más concentradas las sales en el suelo, procedentes del agua de riego.

Por otra parte, la búsqueda de producción agrícola intensiva, seleccionando algunas especies y eliminando al resto, requiere un tremendo aporte energético en el sistema para impedir que se reactive el incesante proceso de sucesión ecológica y se incremente la biodiversidad (la vida tiende a abrirse camino en todo momento y lugar de la biosfera donde pueda ser posible), en detrimento y competencia para el monocultivo deseado. Por ello, son necesarias continuas roturaciones del terreno (lo que altera las condiciones fisico-químicas y biológicas del suelo), así como el uso de  herbicidas, plaguicidas y fungicidas para mantener libres a los cultivos de otros competidores, atraidos por las condiciones de humedad existentes ahora en la zona.

Además, la perentoria busqueda de producción hace que el agricultor tenga que reponer los nutrientes bruscamente extraídos del suelo mediante los cultivos intensivos, sin dar tiempo a una regeneración y enriquecimiento natural del suelo, por lo que ha de arrojar grandes cantidades de abonos. Los excedentes de éstos, por lixiviación o por escorrentía pueden pasar a capas freáticas o sistemas acuáticos y fomentar procesos de eutrofización, al colocar en el sistema factores limitantes (compuestos nitrogenados y fosforados), por los que existe una gran avidez, provocando una eclosión biocenótica (con sus desagradables consecuencias); así como inutilizar para consumo las aguas subterráneas de la zona (incremento de nitratos, nitritos, etc.).

Por otra parte la pérdida de suelos, si el regadío es en pendiente y el sistema de riego es inadecuado provocando encharcamientos y escorrentías, es otro factor negativo, sobre todo si se tiene en cuenta que que la velocidad de formación natural del suelo es de 0,2 mm/ año.

En definitiva, la presencia de embalses, para  algunos supone en una mejora de la calidad de vida, la obtención de mejores producciones y el avance en la situación económica de la zona, primando ésto por encima de cualquier otra consideración medioambiental; mientras que para otros, se  trata de una desaforada búsqueda de rendimientos económicos inmediatos, alterando profundamente el ecosistema, transformando el paisaje, cambiando de usos para siempre y perdiendo valores tradicionales.

 

Los embalses en Extremadura

En Extremadura el 2% de su superficie es agua embalsada, siendo la región de España que una  mayor extensión destina a tal menester. En total hay 14.649 Hm3, el 27,67% del volumen total nacional (52.928 Hm3). Tan ingente almacenamiento de agua está más que justificado:

A) Extremadura queda atravesada por dos grandes e irregulares ríos de marcada estacionalidad y una gran parte de su población se asienta en las vegas del Guadiana, por lo que su regulación se hace inevitable.

B) Enclavada en una zona mayoritariamente de ombroclima seco con precipitaciones medias en torno a los  600 mm anuales, así como un régimen de lluvias irregular con tremendos contrastes entre invierno y estío, aconsejan almacenar agua, en previsión de períodos de sequía.

C) Sus localidades generalmente distantes entre sí  y su accidentado relieve, aconsejan promover estos reservorios de agua para garantizar el suministro de agua a las poblaciones durante todo el año.

D) El creciente uso de pesticidas, plaguicidas y fertilizantes han contaminado o eutrofizado los acuíferos locales de muchas poblaciones, unitilizando ese agua para consumo humano.

E) Se dan buenas condiciones para ubicar grandes embalses en zonas de suelos pobres (complejo esquisto grauwáquico en las comarcas de la Siberia y La Serena  o río Tajo a su paso por la provincia de Cáceres) sin que se inunden extensas y fértiles vegas, sino todo lo contrario, estos grandes embalses almacenan agua para irrigar terrenos fértiles generalmente en áreas muy distantes a ellos.

F) Se obtiene energía hidroeléctrica de sus presas, un tipo de energía limpia y renovable, sin que en definitiva su impacto ambiental sea perjudicial.

 

Los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana.

– El Embase de Cíjara.

Ubicado al noreste de la provincia de Badajoz, en las proximidades de las Sierras de la Lobera y la Rinconada. Hace de límite entre las provincias de Badajoz, Cáceres, Toledo y Ciudad Real. Fue construído en 1956, con una capacidad de 1670 Hm3 . Ocupa una extensión de 6462 Ha. Su finalidad es la de reservorio de agua para regadío en las vegas del Guadiana; también puede destinar parte de su capacidad a la producción de energía eléctrica.

– El Embalse de García de Sola.

Situado aguas abajo de forma consecutiva al de Cíjara, este embalse queda ubicado ya íntegramente en tierras extremeñas. Cuenta con una capacidad de 555 Hm3. Fue inaugurado en 1963 y su finalidad primordial es la de reservorio de agua  para regadío en las Vegas Altas y Vegas Bajas del Guadiana. Tiene capacidad para la producción de energía eléctrica. Ocupa una extensión de 3550 Ha.

– El Embalse de Orellana

Es el tercero en la sucesión de los grandes embalses situados sobre este río en sentido descendente (este-oeste) tras Cíjara y García de Sola.

Construido en 1961,  la presa tiene 64 m. de altura y 738 m. de longitud. Su capacidad es de  824 Hm3, ocupando una extensión de 5550 hectáreas, con una longitud dique – cabecera de 37 km. y un perímetro en cota máxima de 205 km.

Sus aguas se emplean fundamentalmente para regadío en las Vegas del Guadiana, partiendo de su presa por la orilla norte el canal de Orellana. También puede trasvasar agua hacia el Embalse de Zújar (a través del túnel de trasvase Orellana-Zújar – CHG), pudiendo entonces sus aguas irrigar también la zona sur de las Vegas del Guadiana.

El Embalse de Orellana abastece de agua a poblaciones cercanas y produce electricidad a partir de una central hidroeléctrica. Hoy día la zona tiene además un marcado interés turístico – paisajístico.

Por su riqueza en ornitofauna ligada al medio acuático, está incluido en el Convenio RAMSAR sobre protección de humedales (1972), firmado por España en 1982. El Embalse de Orellana alberga en invierno a una avifauna acuática compuesta por más de 60.000 individuos pertenecientes a más de 30 familias.

  

– El Embalse de  Zújar

Se localiza a pocos kilómetros de la desembocadura del río Zújar en el Guadiana por su orilla sur. Tiene una capacidad de embalse de 299 Hm3 . De él parte el Canal del Zújar que proporciona agua para regadío en extensas áreas de las Vegas del Guadiana.

 

– El Embalse de la Serena.

Se terminó de construir en 1990, interrumpiendo el embalse del Zújar, quedando ahora encadenados. Es el mayor embalse de España. Tiene una capacidad de 2702 Hm3. Su finalidad es la de almacenar agua para regadío y producción de energía eléctrica.

 

– El Embalse de Alange

Se  encuentra en las proximidades de la desembocadura del río Matachel, en la orilla sur del río Guadiana. Alberga una capacidad de 852 Hm3. El dique de este embalse interrumpe el flujo de uno de los tributarios mas irregulares y largos de la cuenca del río Guadiana: el río Matachel, donde confluyen también las riveras San Juan, Palomillas y Bonaval. Tiene como objetivos fundamentales: el de regular el caudal de estos inestables sistemas acuáticos (con una extensa cuenca de recepción), funcionar como reservorio de agua para la ciudad de Mérida y cercanías y aportar agua para regadío en las Vegas Bajas distribuyéndose desde la Presa de Montijo, ubicada en el río Guadiana a 5 Km. aguas abajo de Mérida.

Este gigantesco embalse embellece si cabe aún más a la pintoresca y turística localidad de Alange, famosa ya por su balneario de origen romano.

–          El Embalse de Alqueva

Aunque es el mayor embalse de la península ibérica, incide sólo parcialmente en el recorrido del río Guadiana por la región extremeña transformando en zonas inundables y sistema lenítico a ciertas áreas fronterizas con Portugal del suroeste de Badajoz.

 

  • El sistema litoral o sistema de orillas

1. El  sustrato.

Como ya se ha descrito, el llenado del vaso inundable en un sistema lótico implica absorber el relieve circundante, integrándose en él la lámina de agua. El contorno y en consecuencia  las orillas del embalse quedarán determinadas por la cota (nivel) y las características  geológicas y fisiográficas de su ubicación.

Geológicamente, los grandes sistemas lénticos de la cuenca del río Guadiana a su paso por Extremadura se enclavan  en zonas con materiales precámbricos, fundamentalmente pizarras y cuarcitas, formando el denominado Complejo Esquisto-Grauwaquico, intercalándose afloramientos de materiales más recientes como cuarcitas y pizarras ordovícicas, silúricas e incluso devónicas. Estos afloramientos corresponden mayoritariamente a los espinazos de las sierras con los  que el vaso inundable llega a contactar.

Geomorfológicamente, se trata de una penillanura salpicada en su mayoría pequeñas elevaciones y frecuentemente lindantes a sierras de mediana altitud. También son frecuentes los entrantes que acojen la llegada de algún arroyo o rivera. El relieve por tanto es irregular  y los suelos son generalmente pobres, a veces inexistentes, exceptuando quizá algunas zonas del Embalse de Alange (Tierra de Barros).

Todo ello se traduce en orillas irregulares en cuanto a su pendiente, alternándose extensas áreas con franjas de abundantes afloramientos de roca madre (pizarras o cuarcitas) y grandes bloques cuarteados de éstas, con playas formadas por materiales de menor tamaño y entrantes areno-limosos.

La  ausencia de vegetación riparia hace que los contrastes entre los elementos (tierra y agua) artificialmente ubicados en límites distintos a los originarios se amplifiquen.

2. Los biotopos de orilla.

Los biotopos de orilla componen los marcos abióticos donde viven y se interrelacionan los seres vivos en la franja litoral. En los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana se pueden apreciar cuatro tipos diferentes de biotopos de orilla:

Cabeceras: Son tramos ubicados en las colas de los embalses encadenados, con lo que tienen una dinámica lótica, al liberarse agua del dique sietuado aguas arriba. Estos tramos pueden durar varios kilómetros hasta que finalmente el agua queda remansada dando lugar al sistema léntico. En las orillas hay vegetación riparia, donde abundan chopos (Populus nigra), eucaliptos (Eucaliptus camaldulensis), sauces (Salix alba), tamujares (Securinega tinctorea) y juncales (Juncus sp. y Scirpus sp.). El lecho suele ser profundo y predominan los cantos rodados de cuarcita. La velocidad del agua es frecuentemente elevada.     El lecho cada vez va extendiéndose más hasta bifurcarse en ramales que dejan pequeños islotes en  medio, áreas periódica o esporádicamente inundables tan sólo colonizadas por juncos, adelfas y tamujos, donde abundan charcones y pozas aledañas al lecho, que quedan con agua tras las súbitas crecidas. La profundidad es aquí menor.

Acantilados: Se caracterizan por la presencia de grandes afloramientos de roca madre, generalmente pizarras o cuarcitas, así como bloques cuarteados de éstas. Frecuentemente se localizan en tramos con acusadas pendientes. Este biotopo, al igual que en el resto del embalse, carece de vegetación palustre debido fundamentalmente a los cambios de cotas que impiden el arraigo de la vegetación.

Pedregales:  Orillas con fragmentos de rocas  medianos y  pequeños con pendientes suaves.

Playas: Orillas amplias de sustrato areno – limoso  y generalmente abundante vegetación acuática (sobre todo en período estival). A veces se encuentran formando pequeñas calas o entrantes entre acantilados o pedregales.

3. La sucesión de biotopos.

Tanto longitudinal como transversalmente los acantilados, los pedregales y las playas pueden hallarse intercalados, si bien son frecuentes amplios tramos de orillas con un sólo tipo de biotopo. Cuando se intercalan transversalmente (en sentido orilla-embalse), a tenor de los cambios de cotas, se producen procesos de sucesión de biotopos de orilla. Ello tendrá repercusiones en la biocenosis, que deberá adaptarse a tales cambios o desplazarse y colonizar otras áreas.

4. La vegetación acuática en el sistema litoral: los macrofitos acuáticos y las algas macroscópicas del bentos

Como ya se ha mencionado, la ausencia de vegetación ribereña en los grandes embalses se debe fundamentalmente a la diferencia de cotas que presentan a lo largo del año. La dinámica seguida por estos sistemas, reservorios de agua y puntos de partida para irrigar amplias zonas de regadío en las Vegas del Guadiana, se traduce en acusadas fluctuaciones de nivel; a lo que hay que sumar la irregularidad hidrológica basada a su vez en una acusada irregularidad pluviométrica. Así, la plántula que germine al borde del agua al resguardo momentáneo de la humedad, sufrirá durante el estío, en cuestión de semanas un acusado descenso del nivel freático parejo a la cota, o bien se verá anegada, cuando no ahogada al subir el nivel en invierno. La supervivencia en estas áreas es muy complicada.

En estas gigantescas masas de agua es visible una clara franja de terreno, pelada de vegetación señalando claramente hasta dónde llega la cota máxima del embalse. Una franja periódicamente ensanchada conforme el calendario se aproxima a octubre (cota mínima) y estrechada si se aproxima a mayo (cota máxima). A partir de la línea de cota máxima de agua embalsada habitualmente, se agolpan los terófitos terrestres, arbustos  y árboles propios del ecotono o del sistema terrestre  circundante. No obstante, hay especies invasivas que intentan tenaz y persistentemente la colonización  de esta franja de orillas mediante retoños radiculares, como el eucalipto (Eucaliptus camaldulensis), muy presente en repoblaciones forestales en extensas áreas de serranías cuyas laderas lindan con el embalse. Pero la subida invernal de las aguas es implacable y acaba ahogando a la especie, que ha de esperar como otras al borde de la cota máxima.

Observando el proceso desde otro punto de vista, considerando a la vegetación ribereña como una colonización de planifolios caducifolios propios de clima oceánico en una zona de clima mediterráneo continental, en estos ecosistemas, y en concreto en la franja litoral, la costa se le retira cuando más falta le hace a este tipo de vegetación: durante el riguroso estío. Tan sólo en entrantes y en zonas de interfase donde desembocan riveras o arroyos se dan esporádicamente núcleos de vegetación ribereña.

Así pues, este marco ambiental determina que no sea posible el arraigo de vegetación acuática estable, quedando ésta mayoritariamente reducida a macrófitos acuáticos como  Chara fragilis, Nitella sp., Myriophyllum sp., Potamogeton filiformis, Ranunculus sp., Elatine hexadra, entre otras; y núcleos de algas macroscópicas bentónicas (sobre todo Spyrogira sp.) localizados en determinadas épocas y biotopos de orilla donde sí pueden ser puntualmente abundantes. De hecho, la vegetación acuática durante el estío convierten a ciertos tramos de orilla en importantes áreas potenciadoras de elementos biocenóticos que juegan un importante papel en los siguientes procesos:

  • Albergan zonas de gran riqueza biocenótica que sirven de microhábitat para multitud de invertebrados.
  • Zonas de reproducción en Lepomis gibbosus, ya que en estas zonas se localizan preferentemente sus territorios – nido .
  • Zona de cobijo y protección para los estadíos alevin e infantil en Lepomis gibbosus y Salaria fluviatilis.
  • Zonas de acecho y caza para especies ictívoras como Esox lucius y Micropterus salmoides que esperan a sus presas entre la vegetación.
  • Zonas de aporte de nutrientes a las orillas al ir bajando la cota e irse degradando los macrófitos acuáticos, por ejemplo grandes extensiones de Chara fragilis en el mes de agosto.

Resulta destacable el hecho de que al ir subiendo el embalse de cotas (período noviembre – mayo), el embalse va ampliando sus orillas con terófitos terrestres que funcionan temporalmente como macrófitos acuáticos formando praderas sumergidas. Este proceso que culmina generalmente a mediados o finales de primavera, como se detallará más adelante, coincide con un menor número de categorías de plancton y bentos presentes en los diferentes biotopos de orilla, así como  un menor parecido entre biotopos de orilla.

En todos los biotopos (cabecera, acantilados, pedregales y playas) abundan las algas clorofitas filamentosas (mayoritariamente Spirogyra sp.) formando amasijos.

6. La ictiofauna en el sistema litoral.

Generalmente, la transformación del sistema lótico en léntico supone generalmente una grave alteración para el ecosistema de la ictiofauna autóctona. Queda mermada la franja litoral en nichos espaciales, tróficos y reproductivos y las especies autóctonas se ven desprotegidas ante las incursiones y los ataques de depredadores, generalmente exóticos, generalistas y  muy adaptables.

Potencialmente las orillas de estos grandes embalses puede ser ocupada por cualquiera de las especies ícticas presentes en la cuenca del río Guadiana.

La ictiofauna presente en la cuenca del río Guadiana se compone en la actualidad  de 28 especies:

  • Lamprea (Petromyzon marinus, Linnaeus 1758)
  • Sábalo (Alosa alosa, Linnaeus 1758)
  • Sabaleta (Alosa fallax, Lacépède 1803)
  • Anguila (Anguilla anguilla, Linnaeus, 1758)
  • Trucha arco iris (Oncorhynchus mykiss, Walbaum 1792)
  • Lucio (Esox lucius, Linnaeus 1758)
  • Jarabugo (Anaecypris hispanica, Steindachner 1866)
  • Barbo (Barbus comiza, Steindachner 1865)
  • Barbo (Barbus microcephalus, AlmaÇa 1967)
  • Barbo (Barbus sclateri, Günther  1868)
  • Carpín (Carassius auratus, Linnaeus  1758)
  • Carpa (Cyprinus carpio, Linnaeus 1758)
  • Boga del Guadiana (Chondrostoma polylepis, Steindachner 1865)
  • Gobio (Gobio gobio, Linnaeus 1758)
  • Bordallo (Squalius pyrenaicus, Günther 1868)
  • Pardilla (Chondrostoma lemmingii, Steindachner 1866)
  • Tenca (Tinca tinca, Linnaeus 1758)
  • Calandino (Squalius alburnoides, Steindachner 1866)
  • Alburno (Alburnus alburnus, Linnaeus 1758)
  • Colmilleja (Cobitis paludica, Pelegrin 1929)
  • Gambusia (Gambusia holbrooki, Agassiz 1859)
  • Espinosillo (Gasterosteus gymnurus, Linnaeus 1758)
  • Perca sol (Lepomis gibbosus, Linnaeus 1758)
  • Black-bass (Micropterus salmoides, Lacépède 1802)
  • Fraile (Salaria fluviatilis, Asso 1801)
  • Pez gato (Ameiurus melas, Rafinesque 1820)
  • Pez gato moteado (Ictalurus punctatus, Rafinesque 1818)
  • Pejerrey (Atherina boyeri, Risso 1810)

Algunas especies intentan sin éxito reproducirse y colonizar la franja litoral, intentando quedar asociadas a ella al menos durante el estadío alevín y subadulto, pero habitualmente son eliminadas con facilidad. Otras especies no pueden completar su ciclo biológico porque la presencia de diques les impide el paso migratorio para ir a reproducirse al mar (especies catadromas) o volver para reproducirse en el río (especies anadromas), quedando ejemplares retenidos, ya muy viejos y con sus poblaciones muy mal estructuradas. Otras especies se reproducen, si pueden, en los tramos altos de los ríos, en la cabecera de los embalses (a veces con sistemas lóticos) o en las zonas de interfase (desembocaduras), donde la vegetación es más abundante y las condiciones limnológicas se asemejan algo más al sistema lótico originario. En definitiva, la colonización de las orillas de forma permanente los grandes embalses no es fácil ya que encontrar microhábitats idóneos para sobrevivir en los diferentes estadíos de desarrollo es una tarea ardua y no exenta de peligros para la ictiofauna.

Por ello, aunque la franja litoral pueda ser utilizada puntual y temporalmente por  muchas especies, las  que con mayor asiduidad estan presentes en ella son: la perca-sol, el black-bass, el lucio, la gambusia, el fraile y la colmilleja; cuatro especies alóctonas y  sólo dos autóctonas.

El fraile (Salaria fluviatilis) inquilino de lujo en las orillas de los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana.

El fraile o blenio (Salaria fluviatilis)  es un pequeño pez autóctono presente en la Península Ibérica en las cuencas de los ríos Ebro, Guadalquivir, Guadiana, Júcar y Segura. Catalogado como especie en peligro de extinción, ha sido hasta ahora mayoritariamente citado y estudiado en ríos, mientras que las menciones bibliográficas en embalses han sido fruto de observaciones fugaces y con escasos datos científicos.

En Extremadura ha sido hallado en las orillas de los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana: Cíjara, García de Sola, Orellana, La Serena y Alange. La población del fraile estimada en estas zonas  es muy numerosa (solamente en el embalse de Orellana hay más de 186.000 ejemplares) donde además es capaz de sobrevivir con éxito junto a especies alóctonas a priori perjudiciales, como la perca-sol (Lepomis gibbosus), el black-bass (Micropterus salmoides) y el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii).

El hecho de haberlo encontrado en las orillas de estos grandes sistemas acuáticos  permite replantear por un lado su situación ecológica real  (quizá mejor de lo que se pensaba), y por otro induce a tratar de forma positiva la presencia de estos grandes embalses, considerados por muchos autores como causantes de graves efectos sobre la ictiofauna autóctona al alterar el sistema lótico originario.

En estas masas de agua, las orillas tienen  mayoritariamente un sustrato pedregoso (pizarras y cuarcitas) donde el fraile encuentra multitud de recovecos para ocultarse. Su coloración críptica es muy importante para sobrevivir con éxito en el sistema litoral; de hecho se integra perfectamente en el entorno costando trabajo reconocerlo entre el sustrato. Así, el fraile confia tanto en su coloración de camuflaje que no huye ante cambios de sombreado que ocurran  sobre su cabeza, como hacen la mayoría de los peces.

Los hábitos del fraile son eminentemente bentónicos. Se halla activo durante todo el año y, a diferencia del resto de la  ictiofauna, no realiza letargo invernal, lo que le supone una tremenda ventaja a la hora de dispersarse y colonizar nuevas áreas a salvo de depredadores.

Se alimenta durante las horas de luz, explotando eficientemente los recursos disponibles en el medio. Su dieta oportunista  se basa fundamentalmente en invertebrados acuáticos (mayoritariamente branquiópodos, copépodos y larvas de dípteros), siendo frecuente también la presencia de detritos, algas y arena.

La reproducción tiene lugar en el período mayo – julio, siendo habitual ver durante el estío ejemplares alevines en fase de dispersión inclusive en playas arenosas. Durante este estadío es normal que busquen cobijo entre los amasijos de macrófitos acuáticos, ahora muy espesos en los entrantes areno-limosos, donde comparten biotopo con alevines de perca-sol.

Entre el fraile y la perca-sol, las dos especies más abundantes en las orillas de estos embalses, existe un solapamiento de dietas bajo durante el estío y alto durante el invierno. No obstante, se cree que no hay procesos de competencia trófica interespecífica dada la gran cantidad de recursos existentes en el medio; Además, la perca-sol lleva a cabo un letargo invernal en forma de hibernación discontinua, en la que ciertos días despierta, se alimenta y vuelve a caer en letargo, con un transito intestinal muy lento y un metabolismo pausado, mientras que el fraile continua activo. Ello contribuye a minimizar la posible competencia trófica que pudiera existir durante el invierno, época en la que se hallaron entre los ejemplares un mayor solapamiento de dietas.

La presencia de ictiofauna alóctona en los embalses es relativamente  perjudicial para el fraile, ya que tanto la perca sol como el black-bass si lo detectan, intentarán darle caza, sobre todo el black-bass, para quien el fraile supone el 73,7% de su dieta estival. No obstante la ictiofauna alóctona quizá juegue un papel indirectamente beneficioso para el fraile en relación con el hecho ya descrito de que el fraile, a pesar de ser rápido y huidizo ante perturbaciones en el agua o en el sustrato, no se altera ante el acecho de sombras, lo que le convierte en una especie propensa a ser capturada por avifauna ictiófaga que espere pacientemente en las orillas, como la cigüeña blanca (Ciconia ciconia), la cigüeña negra (Ciconia nigra), la garza real (Ardea cinerea) y la garceta común (Egretta garzetta), todas ellas habituales en estos embalses o por reptiles con hábitos cazadores eminentemente ictívoros como la culebra viperina (Natrix maura) y el galápago leproso (Mauremys leprosa), también presentes en estas aguas. Así, la abundancia de ejemplares de perca-sol y black-bass en la columna de agua de las orillas puede hacer de colchón salvavidas o tampón que amortigüe las incursiones pescadoras de estas aves y reptiles, capturando con mayor facilidad a estas especies: más grandes, más lentas y menos crípticas que el fraile.

La incidencia del hombre es escasa, dada la baja demografía y el escaso desarrollo industrial de estas áreas lo que evita potenciales problemas de contaminación y eutrofización. Por otra parte el fraile es un gran desconocido, incluso por los más avezados pescadores o los más veteranos lugareños, dados sus hábitos y su coloración críptica. El pisoteo continuo sobre las orillas sí puede serle perjudicial, ya que pueden morir ejemplares atrapados entre las rocas del sustrato. No obstante, en la zona se construyen playas de hormigón para evitar el molesto sustrato pizarroso durante el baño, concentrándose la mayoría de los bañistas en estos puntos, quedando así a salvo gran parte del las orillas de un excesivo pisoteo.

Se desconoce la incidencia que pudiera suponer para el fraile la presencia del cangrejo rojo americano, muy abundante entre el sustrato de las orillas; estimándose que debe de ser negativa. Se piensa que no está de más de momento el fomentar su captura con retenes potenciando las cualidades culinarias del cangrejo con fines gastronómicos, incluyendo a esta especie junto a otras ya propuestas para cultivos alternativos, fomentando su explotación y comercialización, hecho que ya  mínimamente empieza a potenciarse.

La perca sol (Lepomis gibbosus).

Es una especie originaria de America del Norte introducida en la Península Ibérica como pez ornamental y para cebo vivo, primeramente en el Lago Bañolas  para posteriormente extenderse por las cuencas de los ríos catalanes, así como en el Duero, Tajo, Sado y Guadiana. En el proceso de dispersión han influido las sueltas incontroladas efectuadas por particulares.

La perca-sol es la especie que a simple vista más abunda en las orillas de estos grandes embalses. Desde los años 70 en que fuera introducida, su proliferación ha sido asombrosa, pudiéndose contemplar grandes bandos en todos los biotopos de orillas, sobre todo en playas.

Prefiere habitar tramos de ríos con aguas tranquilas, poco profundas con densa vegetación acuática, lagos y embalses, soportando bien la falta de oxígeno y las altas temperaturas.

Su tamaño es generalmente pequeño, con  longitud generalmente inferior a 16 cm.

La colonización de estos grandes embalses, donde grandes extensiones de orillas están gran parte del año desprovistas de vegetación acuática, habitando en muchas ocasiones zonas con el lecho pizarroso desnudo y si acaso algunos núcleos de macrófitos o algas clorofíceas filamentosas, contrasta con las preferencias que ha manifestado esta especie por sistemas acuáticos con abundante vegetación y fondos ricos en sedimentos orgánicos, puesto de manifiesto en otras masas de agua donde ha sido estudiada tanto en la Península ibérica como en sus hábitats originarios de Norteamérica.

Su período de actividad en las orillas del embalse se inicia normalmente en el mes de mayo con una temperatura del agua ya en torno a los 18ºC, un comienzo tardío si se compara con la fenología de otras especies de la cuenca del Guadiana (por ejemplo la pardilla – Rutilus lemmingii inicia su actividad en febrero con temperaturas del agua alrededor de 10ºC). Cesa su actividad en el mes de octubre, cuando comienza su prolongado letargo invernal, corroborado por su ausencia de las orillas, la observación de numerosos ejemplares dormidos entre las rocas del lecho o simplemente colocados sobre ellas, además de no encontrar en invierno diferencias entre la disposición del contenido gastrointestinal entre el día y la noche en los ejemplares analizados al estudiar el ciclo trófico circadiano, lo que indica que el tránsito del alimento es muy lento debido al letargo. Alimentandose esporádicamente y volviendo a aletargarse.

La perca-sol manifiesta tener en la zona de estudio una tremenda adaptabilidad para explotar los recursos disponibles en el medio, tanto en el fondo como en la columna de agua como en el epineuston (superficie). Explota eficientemente los recursos estacionales presentes. Su alimentación es mayoritariamente zoófaga compuesta por invertebrados bentónicos, de la columna de agua y de la superficie, destacando las larvas de dípteros (Chironomidae) durante el período estival y los branquiópodos (Eurycercidae, Daphniidae) durante el resto del año, el aprovechamiento de himenópteros (Formicidae) caidos al agua a comienzos de otoño, así como huevos y  peces. Resulta destacable la presencia de una apreciable proporción de algas, detritos y arena en su alimentación, postulándose la entrada pasiva de algunos de estos componentes al capturar presas en el bentos o bien en determinadas épocas como en junio-julio, cuando esta ingesta podía estar relacionada con la preparación de los territorios nido o con incursiones para comerse los huevos depositados en los nidos.

El celo y la nidificación se inician a mediados del mes de junio, prolongándose hasta finales de julio. La temperatura del agua durante este périodo oscila entre los 21ºC y los 28ºC.

Las zonas reproductivas se localizan en cualquier biotopo de orilla del embalse, menos en el tramo de cabecera con aguas rápidas. No obstante, éstas se situan preferentemente en playas y pedregales, donde en esta época hay una proliferación de vegetación acuática sumergida, destacando núcleos muy compactos de Chara fragilis, Nitella sp., Potamogeton pectinatus, Myriophyllum sp. y amasijos de algas clorofíceas filamentosas. Son también frecuentes los territorios-nido localizados en áreas totalmente despejadas de vegetación acuática.

A principios del mes de junio se observan fenómenos de territorialismo en machos, pero sin inducción a la freza con las hembras; simplemente se establecen los territorios reproductivos. Éstos, definen áreas circulares resultantes de la eliminación de vegetación acuática y remoción del lecho que realiza el macho, quedando estas demarcaciones muy visibles y delimitadas. Resulta impresionante observar durante esta época  centanares de metros de praderas sumergidas  de carofitos salpicados por multitud de territorios reproductivos.

El diámetro medio de los territorios-nido varía entre los 14 cm. y los 64 cm. La profundidad a la que se hallan los nidos oscila entre los 10 cm. y los 92 cm., con una profundidad media de 38,67 cm. La distancia de éstos a la orilla varía entre 10 cm. y 360 cm. y las distancias a nidos más próximos (colindantes) tienen un valor medio de 32,52 cm. con una distancia mínima de 10 cm. y máxima de 200 cm.

No se da correlación significativa entre  entre el diámetro del nido y la profundidad de éste, ni entre el diámetro del nido y la distancia a la orilla, ni entre el diámetro del nido y las distancias a nidos colindantes. En cambio si existe una correlación positiva estadísticamente significativa entre el tamaño del pez y el diámetro del territorio – nido. Todo ello  pone de manifiesto que los territorios-nido de mayor tamaño, que generalmente pertenecen a machos de mayor tamaño, no están siempre ubicados a mayor profundidad y más distantes de otros nidos. Las zonas más profundas  no siempre albergan a los mayores nidos, sino que éstos podían hallarse próximos a la orilla a escasa profundidad.

Ya a finales de junio se observan frecuentes frezas que tienen lugar en los territorios-nido de los machos. Así, ante cualquier hembra que se aproxime a la colonia reproductora, los machos más proximos a ella le inducen a entrar en sus territorios. La hembra elige entre los acosos de los machos, dirigiéndose a uno de los nidos. Allí, tras dar varias vueltas junto al macho, freza, repitiendo esta operación varias veces.

El macho durante este ritual se ausenta frecuentemente del nido mostrando un comportamiento agresivo ante el acoso de los machos con territorios colindantes y otros machos sin territorio, en ocasiones de pequeña talla, que realizaban numerosas incursiones en su territorio para intentar  frezar con la hembra o devorar los huevos recién liberados. Curiosamente durante este período aparece en el contenido gastrointestinal de esrta especie huevos, capturados en las zonas de nidificación mientras acosan y distraen a los machos. Éstos, celosos guardianes de la puesta que queda en los nidos tras la freza, pueden inducir a otras hembras a liberar sus óvulos frezando con él en su territorio. La hembra tras frezar en un nido puede alejarse momentáneamente y en el período de unos 10 minutos frezar con otro macho en otro territorio-nido. Las pautas de agresividad mostradas por los machos durante el celo y la custodia de las puestas también han sido observadas en lagos de Norteamérica.

Se detectaron en la zona machos de pequeño tamaño ya con nidos, freza y aceptable desarrollo gonadal. Este hecho podría estar relacionado con una alta disponibilidad de recursos que facilitaría el acceso a la madurez sexual a algunos jóvenes para producir el aumento de población necesaria para explotar esos recursos; aunque ello se viera acompañado de desventajas en cuanto a la cantidad y viabilidad de la puesta. Se piensa también que ello pudiera estar relacionado con complejas pautas etológicas presentes en esta especie, caracterizadas por machos de pequeño tamaño que bien de manera desapercibida para el dueño del territorio-nido, bien haciéndose pasar por hembra cuando el macho está frezando con otra hembra de verdad, se introduce furtivamente en el nido liberando su  esperma.

Los resultados encontrados en estos embalses manifiestan apreciables diferencias con la extensión  y profundidad de los territorios – nido  de sus hábitats originarios. Siendo muy superiores los estudiados en  Norteamérica:  60 cm.  – 125 cm. La profundidad también es mayor allí : 60 – 150 cms.

La temporalización y condiciones ambientales del período reproductivo, en cambio, son semejantes a las observadas en sus hábitats originarios de Norteamérica: mes de julio con temperatura del agua superior a 20ºC.

El éxito colonizador  de la perca sol se pone de manifiesto también en algunas pautas etológicas, por ejemplo en su sistema defensivo que resulta asombroso: ante incursiones de ejemplares grandes de black-bass o de lucio, los individuos se dirigían velozmente a la orilla tumbándose lateralmente en zonas prácticamente ya sin columna de agua (casi en tierra), donde ya no puede llegar su depredador, desplegando su aleta dorsal  y quedando en el lecho con el aspecto de una gran moneda. Tras unos breves instantes, al cesar el acoso de su atacante, dar un pequeño brinco y reintegrarse al agua.

Algunos ejemplares son parasitados durante el estío por el copépodo Lernaea cyprinacea produciéndole heridas externas e internas que favorecen la micosis y las infecciones bacterianas.

El black-bass (Micropterus salmoides).

 El black-bass (Micropterus salmoides, Lacépède, 1802) es una especie originaria de Norteamérica que fue introducida oficialmente en España en 1955 para el deporte de la pesca. Se ha aclimatado muy bien y consecuentemente está extendida por casi todas las cuencas fluviales de la Península Ibérica, siendo abundante en zonas remansadas de ríos y tributarios, así como en embalses.

Al igual que otras especies exóticas, su introducción se estima que ha dañado severamente a la composición y estructura de la ictiofauna autóctona en numerosos sistemas acuáticos. El black-bass junto con el lucio, ejerce en el sistema acuático el papel de depredador que estaba ausente entre la ictiofauna autóctona. Se sabe que realiza numerosas incursiones y ataques y que es demoledor tenerlo como compañero durante el estiaje en algún charcón o poza. Por ello no es gratuito el reiterar que su incidencia es negativa para los peces.

En los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana es  frecuente en las orillas, sobre todo ejemplares subadultos con hábitos gregarios, si bien  abunda menos que la perca-sol. El black-bass ocupa generalmente una franja de orilla más profunda que las otras especies aquí descritas, aunque no es raro encontrar algunos ejemplares mezclados entre los componentes de los bandos de percas.

Su dieta se compone de invertebrados: branquiópodos (Daphniidae), larvas de dípteros (Chironomidae), cangrejos de río (Procambarus clarkii), hemípteros (Corixidae), larvas de efemerópteros (Baetidae) y odonatos (adultos y larvas)  y sobre todo de peces, destacándose muy por encima de todas la ingesta de ejemplares de  fraile (Salaria fluviatilis), suponiéndole el 73,7% de su alimentación estival y siendo además esta categoría muy frecuente en los individuos analizados.  El black-bass ingiere también ejemplares subadultos de perca sol, aunque en una proporción  muy inferior.

Es llamativa la gran cantidad de ejemplares de fraile que son devorados por esta especie durante el período estival; convirtiéndose éste en su principal depredador. Se piensa que este hecho se debe a alguna técnica de captura en el bentos basada en el acecho aún no descrita, ya que el fraile suele merodear habitualmente por el lecho rocoso, entre multitud de recovecos de difícil acceso para el black-bass, y si a veces descansa sobre la superficie de las rocas, su coloración es tan críptica que resulta casi imperceptible. No obstante, se cree que este proceso puede estar relacionado  con el hecho ya descrito de que el fraile no huya ante el cambio de luminosidad (sombreado) que pudiera producir un depredador que se le acercara por la columna de agua o la superficie (típico de animales con coloración críptica que confían plenamente en su camuflaje), pudiendo en consecuencia el black-bass darle caza si es avistado, confiado sobre el sustrato. También cabe la posibilidad de que el black-bass (ejemplares subadultos) se centre más en la captura de esta especie, por ser  normalmente de menor tamaño que la perca sol.

La puesta tiene lugar a finales de primavera en zonas no muy profundas preferentemente con vegetación acuática y fondo de arena o grava. Los machos escavan un pequeño agujero a modo de nido donde tiene lugar la freza depositándose hasta 3000 huevos pequeños, incoloros y adherentes.      Los machos protegerán la puesta hasta el nacimiento de los alevinese incluso después en fase de alevín  es posible ver a machos vigilantes del bando de alevines en las proximidades de la orilla.

El lucio (Esox lucius)

Es también una especie oriunda de sistemas acuáticos de América del Norte. Fue introducida oficialmente en la Península Ibérica en el año 1949 con fines  deportivos (pesca). Desde entonces su dispersión ha sido rápida, colonizando gran cantidad de sistemas acuáticos donde ejerce el papel (vacante entre la ictiofauna autóctona) de pez superdepredador.

Prefiere habitar las aguas tranquilas de los tramos medios de los ríos y por supuesto, los embalses. Suele estar ligado a zonas con vegetación acuática lo que en estos grandes embalses se ciñe a los entrantes y las playas, donde espera pacientemente entre la vegetación a sus presas, fundamentalmente peces; no obstante, es frecuente verlos merodear y hacer incursiones contra la ictiofauna visible, presente en las orillas, fundamentalmente percas sol, también en tramos despejados de vegetación acuática. En ocasiones se aletarga entre las rocas del lecho a escasa profundidad. Es de las especies que mayor interés suscita para los practicantes de la pesca deportiva.

La gambusia (Gambusia holbrooki)

 

Este pequeño pez originario también de Norteamérica, fue introducido en España por primera vez a principios del siglo XX en el Arroyo de Palancoso, cerca de Navalmoral de la Mata (Cáceres) por el Servicio Antipalúdico Nacional para eliminar las larvas del mosquito Anopheles transmisor del paludismo, enfermedad entonces frecuente en Extremadura. Su dispersión a raiz de estas introduccciones con enfoque sanitario ha sido asombrosa, considerándosele hoy día una especie invasiva presente en la mayoría de las cuencas fluviales de la Península Ibérica .

Habita preferentemente zonas poco profundas con abundante vegetación acuática. Su dieta es eminentemente zoófaga. Es una especie ovovivípara, sexualmente muy precoz y fecunda. Pueden alcanzar la madurez sexual a las 6 semanas de vida y liberar entre 15 y 32 alevines en cada parto.

La gambusia escasea en las orillas de estos grandes embalses, a pesar de ser muy abundante en la cuenca del río Guadiana. Ello se piensa que está relacionado con sus hábitos no bentónicos. Así, el hecho de que en estos embalses las orillas sufran frecuentes cambios de cota y generalmente, salvo puntuales zonas,  estén desprovistas de vegetación acuática permanente  donde refugiarse, convierten a la gambusia en una especie fácilmente amenazable  por las incursiones y ataques del black-bass y la pertca-sol. Se descarta la  competencia trófica con el fraile, según lo pone de manifiesto el escaso valor  encontrado para el solapamiento interespecífico de dietas y la gran cantidad de recursos disponibles en el medio.

La gambusia se alimenta mayoritariamente de branquiópodos (Eurycercidae) y dípteros (adultos y larvas), capturados en el bentos, en la columna de agua y en el neuston.

La colmilleja (Cobitis paludica).

 

 La colmilleja es un pequeño pez autóctono muy abundante en la cuenca del Guadiana, pero escaso en estos grandes embalses. Su coloración críptica y sus hábitos bentónicos, al igual que el fraile, le permiten también ocultarse con facilidad entre las rocas del fondo, habiendo colonizado multitud de sistemas acuáticos. La colmilleja es capaz de sobrevivir en condiciones tensionantes, como pueden ser las altas temperaturas estivales, las bajas concentraciones de oxígeno o la escasez de espacio y alimento, siendo habitual entre los supervivientes en las pozas discontinuas de los ríos y riveras durante el largo estío.

Su dieta se compone mayoritariamente de detritos, plantas, algas e invertebrados (ostrácodos y larvas de dípteros).

Suele ser capturada también por el black-bass.

5. El plancton y el bentos.

En el sistema litoral las comunidades planctónica (fitoplancton – zooplancton) y bentónica (fitobentos – zoobentos) están bien representadas. No obstante, predominan los microrganismos bentónicos, ya que generalmente los organismos que utilizan la columna de agua lo hacen temporalmente, ubicándose más tarde en las proximidades del fondo, donde el biotopo es más complejo, así como la biocenosis  y sus interrelaciones.

En el fitoplancton son abundantes los las clorofitas filamentosas, sobre todo del género Spyrogira, que forma habitualmente núcleos macroscópicos albergadores de una gran biodiversidad de microorganismos estables durante la mayor parte del año,  en todos los biotopos. También se dan especies de los géneros: Volvox, Pediastrum, Zygnema, Hydrodyction, Chaetophora, Gomphonema, Nostoc, Fragilaria, Staurastrum, Microcystis, Tribonema y Ceratium, entre otros. Los biotopos de orillas que presentan al lo largo del año una mayor diversidad de especies son las playas y los que menos las cabeceras. No obstante, las variaciones en cuanto a incremento o disminución de especies a lo largo del año, va pareja en todos los biotopos de orilla, siendo llamativo el acusado descenso de diversidad fitoplanctónica a mediados de primavera, cuando los embalses han ido inundando los márgenes, al almacenar más agua antes que empiece en junio la campaña de riegos y las cotas comiencen de nuevo a descender; trasladándose continuamente la franja litoral, arrastrando una incipiente aún colonización fitoplanctónica.

La distribución del fitoplancton en el sistema litoral es heterogénea, encontrándose las especies bien de forma libre en la columna de agua, sobre todo las  unicelulares (necton) o bien ubicándose sobre el sustrato, en sus diferentes zonaciones: tetoplancton (posados sobre el fondo), pecton (sobre sustratos duros), plocon (sujetos por la base a algún elemento del fondo), psammon (sobre la arena), pelon (sobre el fango), endobentos entre los recovecos del fondo, etc. A veces suelen integrarse entre los amasijos de clorofitas filamentosas (algas macroscópicas bentónicas) localizadas generalmente sobre el sustrato, como es el caso de muchas diatomeas.

Todos estos organismos fotosintéticos desempeñan un importante papel en el sistema litoral aportando oxígeno y sintetizando materia orgánica que servirá de alimento al resto de seres vivos del sistema ecológico; encauzándose consiguientemente la energía que soporta el orden del sistema a través de ellos.

Alimentándose directamente del fitoplancton se hallan en el sistema litoral los organismos zooplanctónicos y zoobentónicos. Entre estos consumidores predominan los organismos bentónicos, ya que generalmente muchos de los individuos que utilizan la columna de agua lo hacen de forma temporal, ubicándose posteriormente en el fondo donde, como ya se ha indicado, la complejidad es mayor.

Los organismos zooplanctónicos suelen ser microscópicos: bacterias  (picoplancton), hongos, protozoos, celentéreos, rotíferos y microcrustáceos como los branquiópodos (Sididae, Bosminidae y en menor grado Daphniidae y Eurycercidae) los copépodos (calanoideos y ciclopoideos), (si bien todos estos grupos abundan también entre el bentos).

La región bentónica en la franja litoral es mucho más rica en diversidad de especies y en cantidad de individuos que la columna de agua. Ello está relacionado con la presencia en grandes áreas de un sustrato pedregoso con multitud de microháhitats, con el asentamiento de núcleos de macrófitos acuáticos y algas macroscópicas capaces de albergar entretejidos microsistemas en su interior y con la presencia de detritos (restos orgánicos de vegetales y animales amalgamados entre partículas inorgánicas) tapizando el sustrato y suponiendo alimento para multitud de organismos.

La comunidad zoobentónica es, al igual que las algas, heterogénea respecto a las zonaciones a colonizar. En esta biocenosis parcial se alternan especies microscópicas: branquiópodos (mayoritariamente Eurycercidae y Daphniidae), copépodos, ostrácodos, hidrozoos y microturbelarios con grupos  de tamaño macroscópico (macroinvertebrados acuáticos): nematodos, oligoquetos e hirudíneos (sobre todo en el endobentos), malacostráceos (Gammaridae y Atyidae) entre los recovecos de las rocas del lecho; gasterópodos (Planorbidae y Physidae), sobre el sustrato (plocon, psammon), larvas de insectos: efemertópteros (Caenidae, Ephemerellidae, Potamanthidae, Siphlonuridae, Leptophlebiidae y Baetidae), dípteros (Chironomidae y Ceratopogonidae entre otros, compartiendo el bentos con la columna de agua), coleópteros y odonatos; Insectos adultos: tisanópteros, grandes bandos de coríxidos (Micronectinae) y ácaros. Entre el detritos del fondo, componente del nicho espacial o trófico de muchos de estos organismos, se encuentran abundantes formas de resistencia de branquiópodos (efipios).

Sobre el neuston (superficie) es frecuente hallar colémbolos (Poduridae), arácnidos e insectos adultos (sobre todo dípteros y odonatos) que son capturados al salto por la ictiofauna.

La mayor biodiversidad tiene lugar en las playas y la menor en las cabeceras. Los biotopos de orilla que presentan una mayor similaridad en cuanto a su composición zooplanctónica y zoobentónica a lo largo del año son las playas y los pedregales. La máxima similaridad entre biotopos ocurre en diciembre y la mínima en junio.

Resulta destacable el hecho de que al ir subiendo el embalse de cotas (período noviembre – mayo), el embalse va ampliando normalmente sus orillas con terófitos terrestres procedentes de las nuevas áreas inundadas. Este proceso que culmina generalmente a mediados o finales de primavera, coincide con un menor número de categorías de plancton y bentos presentes en los diferentes biotopos de orilla, un menor parecido entre biotopos y una menor diversidad trófica en la dieta del fraile (Salaria fluviatilis) y de la perca sol (Lepomis gibbosus). Ello se piensa que está relacionado con una menor disposición de recursos en las orillas, ahora formada por zonas apenas colonizadas por una incipiente comunidad planctónica y bentónica. Al ir descendiendo la cota ocurre lo contrario: la biocenosis, cada vez mayor, va acumulándose en la franja de orillas quedando densamente enriquecidas.

Un macroinvertebrado acuático de hábitos bentónicos, muy abundante en las orillas de los grandes embalses es el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii). Se trata de una especie alóctona muy extendida por la cuenca del río Guadiana entre otras cuencas peninsulares.

El tremendo éxito colonizador del cangrejo está relacionado con los siguientes aspectos:

  • Tiene una gran capacidad dispersiva, desplazándose y salvando obstáculos como diques y cascadas, llegando incluso a salir del agua y marchar por tierra en noches muy húmedas otoñales e invernales.
  • Se adapta fácilmente a sobrevivir en diferentes entornos, en ocasiones tensionantes.
  • Su omnivorismo, basado en una dieta oportunista y generalista, utilizando con eficiencia varias vías tróficas: insectívora, ictiófaga, carroñera, herbívora, fitoplanctófaga y detritívora (utilizando recursos muy abundantes y en gran medida desaprovechados en el sistema).
  • Tiene un período reproductivo temprano (a finales de invierno) y la hembra proporciona cuidados a la puesta (protegiéndola en el abdomen) hasta liberar a las crías sacudiendo fuertemente la cola cuando los cursos fluviales fluyen continuos, pudiendo así éstas remontarlos sin dificultad, con escasos enemigos y  colonizar nuevas áreas.

Este éxito dispersivo  ha traído consigo la colonización en breve tiempo de una amplia gama de ecosistemas acuáticos en la cuenca del río Guadiana y en consecuencia el desplazamiento o la desaparición del cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes), quedando este relegado a recónditas áreas.

El cangrejo rojo americano es muy abundante en las orillas de los grandes embalses, hallando entre los recovecos del pedregoso lecho un marco idóneo para sus supervivencia.

7. Los anfibios en el sistema litoral.

La representación de la fauna anfibia en las orillas de estas enormes masas de agua lénticas suele ser escasa y esporádica. Ello se debe fundamentalmente a la pobreza en microhábitats basada a su vez en las diferencias de cotas que impide el arrraigo de vegetación palustre. Las desnudas y homogéneas orillas componen un dificil hábitat para las larvas de los anfibios y su complejo y pausado proceso de metamorfosis, en el que pasan de respiración branquial a pulmonar, teniendo que desplazarse a la superficie a tomar oxígeno, lo que las convierte en fáciles presas de multitud de depredadores.

Aún así, pueden verse adultos e incluso larvas y ejemplares recien metamorfoseados  en las orillas de estos grandes embalses. Bufónidos como el escuerzo (Bufo bufo) y el sapo corredor (Bufo calamita), grandes viajeros, ya que con su dura piel evitan mejor que otras especies la desecación y pueden colonizar zonas más lejanas del curso fluvial o charca en el que nacieron, componen las dos especies más comunes, siempre de forma esporádica. Suelen presentar además una reproducción oportunista, encontrándose puestas en otoño y primavera también en estos sistemas acuáticos. Se han encontrado individuos recien metamorfoseados en las orillas de algunos islotes y ejemplares en amplexo bajo las aguas rápidas en tramos de cabecera.

A estas dos especies hay que añadir la presencia de la rana común (Rana perezi) en zonas con una mayor vegetación ribereña como pueden ser las cabeceras o en desembocaduras de tributarios. Si hay núcleos de vegetación arbustiva próximos a la orilla pueden hallarse también ejemplares de ranita meridional (Hyla meridionalis) y de ranita de San Antonio (Hyla arborea). En zonas remansadas de estos tramos de cabecera pueden encontrarse ejemplares de gallipato (Pleurodeles waltli), de tritón jaspeado (Triturus marmoratus) y de salamandra (Salamandra salamandra).

8. Los reptiles en el sistema litoral.

Las especies ligadas al agua en las orillas de estos grandes embalses son fundamentalmente el galápago leproso (Mauremys caspica), el galápago europeo (Emys orbicularis) y la culebra de agua (Natrix maura). Todas ellas son mayoritariamente ictiófagas y en ocasiones pueden ser vistas capturando ejemplares de perca-sol en la misma orilla, sobre todo las culebras que si atrapan a un ejemplar grande intentarán sacarlo fuera del agua para tragarlo con mayor facilidad.

Desgraciadamente suele ser frecuente que los galápagos muerdan el anzuelo de los pescadores, sobre todo si el cebo son lombrices, habiéndose encontrado más de un ejemplar muerto en las orillas por este motivo.

Aunque las orillas de los embalses son frecuentemente visitadas sobre todo en el período invernal por una nutrida avifauna  (limícolas, anátidas, etc) y uno de los embalses (Orellana) está dentro del convenio RAMSAR sobre protección de humedales por su riqueza ornítica, las aves no son elementos exclusivos del sistema litoral sino visitantes esporádicos que mantienen sus interrelaciones con otros ecosistemas  y lo mismo ocurre  con algunos mamíferos que se sabe de su presencia en las orillas de estos embalses, sobre todo en tramos de cabecera y desembocadura de tributarios. Por consiguiente estos grupos no van a ser tratados en este manuscrito pues su desarrollo sería inespecífico y etéreo.

 

  • Epílogo

Sopesar ecológicamente una actuación antrópica sobre el medio es algo complejo y arduo. Las ramificadas interrelaciones existentes en los ecosistemas, hacen muy difícil establecer los modelos de funcionamiento a corto, medio o largo plazo o elegir las pautas de actuación sobre ellos más convenientes. Por ello, a la hora de valorar la existencia de grandes masas de agua embalsadas que salpican el paisaje de la penillanura extremeña y convierten a esta región en la de mayor costa interior de España, se debe intentar ser razonable, ecuánime y respetuoso tanto con el medio como con los intereses humanos predominantes.

Generalmente (no siempre), la construcción de embalses suele estar circunscrita a actuaciones de interés general que benefician a una mayoría, aunque perjudiquen a una minoría. El problema radica en que habitualmente los cambios ambientales que afectan a los seres vivos del río o tramo de río que va a ser embalsado, quedan catalogados (a veces ni eso), son tratados o incluídos dentro de la minoría. Por ello, organismos autóctonos, a veces endémicos, que llevan ahí sobreviviendo desde hace muchos millones de años antes de que apareciera la especie humana, son dañados de forma irreversible, arrastrándolos a un desplazamiento o a una extinción local. El valor intrínseco de estas especies debiera de pesar mucho más de lo que habitualmente supone para muchos gobernantes y técnicos.

Es innegable que la construcción de los gigantescos embalses presentes en el tramo medio del río Guadiana ha debido dañar o alterar a gran parte de las especies nativas presentes en el sistema lótico originario. No obstante, siendo razonables, hoy día la presencia y el sentido de la existencia de esas enormes masas de agua embalsadas quedan, dentro de la prudencia y la objetividad, significativamente justificadas, así como su excelente ubicación: la escasa densidad poblacional, la pobreza de los suelos inundados, el abrupto relieve, la irregularidad pluviométrica, los prolongados períodos de sequía, la necesidad de almacenamiento de agua o la posibilidad de potenciar la agricultura de regadío en otras zonas a veces muy distantes con suelos muy fértiles y profundos, son algunas de las excusas  que las acreditan.

El cambio paisajístico que supone para muchas zonas la presencia estable de gigantescas masas de agua, permiten innovar turística y paisajísticamente, cuando no, alegrar la vida de muchas áreas aletargadas en torno al secano. Así, en pueblos colindantes con estos embalses, la presencia de una gigantesca masa de agua se traduce en una inyección de jovialidad con la que poco a poco van cambiando actitudes en torno a estos nuevos sistemas acuáticos. En algunos pueblos las fachadas de sus casas que antaño miraban hacia el centro dando las traseras donde antes estaba el secano, ahora con la posibilidad de espectaculares vistas, se vuelven hacia el embalse. Proliferan paseos, avenidas y miradores. Se construyen playas de hormigón y en torno a ellas complejos lúdico-deportivos. Se crean zonas de reunión en torno a hermosos parajes.

En este marco, conocer más y mejor ecológicamente el sistema litoral trae consigo una mayor valoración del mismo. Es lo que se ha pretendido con este manuscrito: aportar información basada en estudios científicos y expresada de  forma divulgativa, que contribuya a dar a conocer y respetar la riqueza biológica escondida en estas franjas de orilla. Unos seres vivos ue han sabido adaptarse muy bien a la dinámica litoral, con sus continuos cambios. Sin lugar a dudas, entre la extensa biocenosis descrita, hay una especie que por su rareza e interés biológico destaca: el fraile. Su insospechada abundancia y su excelente adaptación a estos sistemas acuáticos construidos por el hombre, permiten erigirlo en un firme baluarte para apreciar ecológicamente mucho más a la larguísima franja litoral de los grandes embalses en la cuenca del río Guadiana.

  • Glosario

Abiótico: sin vida.

Anoxia: ausencia de oxígeno.

Antrópico: con intervención humana.

Avifauna: aves.

Bentos: zonación de fondo en una masa de agua. Organismos que habitan en el fondo de una masa de agua.

Biocenosis: seres vivos presentes en un ecosistema.

Caducifolios: vegetales que pierden las hojas al llegar el otoño.

Cauce: masa de agua  de un curso fluvial.

Caudal: Volumen de agua que lleva un curso fluvial en un determinado punto: Se suele medir en m3 / seg.

Cota: altitud en metros sobre el nivel del mar (m. s. n. m.) que tiene la orilla de una masa de agua.

Detritos: restos orgánicos de vegetales y animales mezclados entre el sustrato del fondo.

Esclerófilo: vegetal con hojas planas, coriáceas y perennes.

Eutrofización: aumento de nutrientes en la masa de agua.

Evapotranspiración: proceso de ascenso de agua por capilaridad que realizan los vegetales desde el suelo hasta las hojas, utlizando las raíces y los vasos liberianos, para realizar la fotosíntesis. Gran parte de este agua se pierde en la atmósfera saliendo a través de los estomas.

Ictiófago: alimentación mayoritaria de peces.

Ictiofauna: peces

Lecho: Fondo o vaso de un curso fluvial. Terreno que alberga

Litoral : referente a orillas.

Nicho: función de la especie en el ecosistema.

Ombroclima: clasificación basada en el diagrama climático referido a las precipitaciones caídas a lo largo del año en una zona.

Planifolios: especies vegetales  (Angiospermas) de hoja plana.

Sistema ecológico (ecosistema): porción de biosfera en la que los seres vivos (biocenosis) quedan relacionados entre sí y con el marco abiótico (biotopo) que les rodea.

Sucesión: cambios en la composición y estructura biocenótica del ecosistema al ir siendo colonizado por nuevos organismos. Suele tender a la fase climax o de máxima complejidad.

Terófitos: plantas herbáceas terrestres.

Vegetación riparia: vegetación ribereña.

  • Bibliografía

 

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Rodríguez Jiménez, A. J. (1986): Estudio de la comunidad íctica de la Charca de los Galgos. D.G.M.A. Junta de Extremadura.158 pp.

 

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Soriguer, M.; Rodríguez Jiménez, A. J. y J. A. Hernando (1993): Especies endémicas de la ictiofauna de Extremadura. En : Extremadura, el último paraiso. Pgs:.292-296. Ed. CMESA-Diario HOY.


  • El autor

Alfonso J. Rodríguez Jiménez

  • Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Sevilla.
  • Doctor en Ciencias por la Universidad de Extremadura.
  • Ha sido colaborador honorario del Departamento de Biología Animal en la Facultad de Ciencias del Mar (Universidad de Cádiz).
  • Tiene una quincena de publicaciones científicas relacionadas con el medio acuático y la ecología trófica en peces y anfibios. Asimismo cuenta con varias publicaciones pedagógicas y divulgativas entre las que destacan: Guía de Educación Ambiental en Extremadura y El Medio acuático en Extremadura.

 

  • Contraportada

Extremadura es la región que destina una mayor proporción de su superficie a aguas embalsadas, siendo la que mayor costa interior tiene de toda España. En este manuscrito se ofrece una visión diferente de los grandes embalses de la cuenca del río Guadiana; se  describen y se analizan sus orillas: el medio abiótico y los seres vivos que las habitan. Un sistema ecológico escasamente estudiado que aporta grandes sorpresas como la abundante presencia del fraile un pequeño pez en peligro de extinción y asombrosamente muy bien adaptado a estas masas de agua.

Alfonso J. Rodríguez Jiménez

Doctor en Ciencias Biológicas

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